
Doble exposición sobre los germanos en la isla de los museos – Las tribus germánicas: perspectivas arqueológicas, y 200 años de mito, ideología y ciencia.*
Se dice que la historia la escriben los que ganan las guerras. Lo que también se podría traducir como, los que tienen el poder para escribirla e imponerla como única verdad. A comienzos de la era cristiana en Europa, los únicos que tenían verdaderamente este poder eran los romanos. La exposición de la James-Simon Galerie y el Neues Museum sobre las tribus germánicas cuestiona ahora la visión que se ha tenido —y aún se tiene— sobre los germanos desde los tiempos de los romanos, desde que Julio César y el historiador Tácito observaran sus costumbres y los describieran como guerreros (lo que también quería decir: salvajes). Pero además, con la simplificación de sus observaciones, los romanos no fueron capaces de ver la enorme diversidad cultural que había entre las tribus germánicas, sus profundas rivalidades, considerándolas como un pueblo unificado, como una nación —Tácito acuñó el nombre de Germania—, como si todas tuvieran los mismos ritos, las mismas costumbres, la misma lengua.
Desde el siglo I hasta el siglo IV DC, las tribus germánicas se asentaron en el área al este del Rin y al norte del Danubio.
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no están recogiendo la basura sino divirtiéndose tomando unas cervezas. A las obreras de una fábrica de textiles, no se las ve hilando en sus máquinas, sino a la hora de la pausa, fumando un cigarrillo. Podrían ser empleadas de cualquier otro oficio. Helga Paris dice que quería mostrar a la gente por encima o por fuera del contexto político.


La primera reacción que causan las figuras de Gustavo Ramírez Cruz, artista colombiano residente en Berlín, es alegría. Porque sus insólitas bestias y muñecas de todos los tamaños, construidas a base de papel maché, transmiten un curioso regocijo a quien las contempla. Quizá por los colores vívidos, o por la gracia de las formas, o por la fantasía que sugieren como personajes que habitan un mundo fantasioso. No sé, pero te sientes más feliz después de verlas.
El público de música clásica suele ser muy conservador. Las grandes salas de concierto saben esto, y por eso la mayor parte de sus programas incluyen solo piezas de los famosos compositores del pasado. Como mucho, músicos de hasta mediados del siglo XX. De Bach a Hindemith. Si quieres esuchar música clásica contemporánea tienes que ir a lugares muy especializados, o a festivales dedicados a este tema. A veces las salas convencionales añaden una breve pieza de algún compositor de hoy, pero nunca más de una, por temor a que queden demasiadas sillas desocupadas. 
