A propósito de la película I Swear – traducida al español como Incontrolable
Cómo sería el mundo si siempre dijéramos toda la verdad, si dijéramos sin inhibiciones las cosas vergonzosas que involuntariamente se nos pueden ocurrir sobre los otros. Por ejemplo, tenemos una entrevista de trabajo y vemos que el tipo que nos recibe tiene unas orejas tan grandes que parecen de burro, y sin ningún control se lo decimos: Señor, usted tiene cara de burro. No nos darán el trabajo, claro, pero hemos dicho lo que pensamos. Afortunadamente las personas sabemos que tenemos que callar nuestros pensamientos cuando son desagradables, no solo para no herir a los otros sino para que no nos odien.
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Casi al final del libro, cuando el mal ya se está extinguiendo, Cottard y Tarrou, dos de los personajes de la novela La Peste de Camus, hablan del regreso a la normalidad. «¿A qué llama usted una vida normal?», pregunta Cottard. «A que haya de nuevo películas en los cines», contesta Tarrou sonriendo.
El coronavirus ha hecho desaparecer de la noche a la mañana todos los grandes temas de actualidad que se debatían en el mundo antes de su irrupción. Ahora, quién se acuerda del clima, de los incendios, de los refugiados, de la guerra en Siria, de que los niños están muriendo de hambre en Yemen, del dengue en América Latina, del ascenso de la ultraderecha en Europa. Todas estas cosas que hasta febrero hacían parte de la primera plana de la prensa ahora han quedado relegadas a las secciones inferiores de los medios.