La importancia de la letra ‘e’

ImageSobre cómo la letra ‘e’ podría ofrecer la solución al problema del sexismo del español.

Hace muchos años, antes de que comenzara a hablarse del sexismo en la lengua española, nadie tenía problema con que las palabras terminadas en ‘e’ pudieran ser masculinas o femeninas. La letra ‘e’ no definía género porque convenía a ambos: la/el presidente; la/el gerente. No que hubiera muchas mujeres presidentes o gerentes en aquel entonces pero era teóricamente posible. El escritor español Leopoldo Alas ‘Clarín’ bien hubiera podido titular su famosa novela “La regenta” como “La regente”. Si no lo hizo no fue por razones lingüísticas, sino por razones literarias.

Si bien en el español hay mecanismos que permiten este tipo de cambios, de ‘e’ a ‘a’ (el uso de ‘presidenta’ y otros por el estilo ha sido oficialmente aceptado), en realidad no era necesario. No es necesario decir que Dilma Rousseff es la presidenta de Brasil, puesto que ‘presidente’ no delata masculinidad. Por eso se dice que “Pedro es el amante de María” del mismo modo que “María es la amante de Pedro” y no que ella es su ‘amanta’.

Es una lástima que hubiéramos comenzado a hacer cambios con esta ‘e’, porque ella nos ofrece ahora la posibilidad de solucionar este impasse lingüístico al que hemos llegado en el intento de equilibrar la visibilidad femenina en la lengua.

Mucha gente se ha quedado contenta con el manifiesto en pro de la sensatez idiomática del gramático Ignacio Bosque. Yo también. Pero lo más seguro es que su análisis no le va a poner fin a la polémica y que los grupos que presionan una mayor presencia femenina en la lengua no van a renunciar a sus propósitos. Sin interés de polemizar sobre la discriminación o no de la mujer en la lengua y en la realidad, y aceptando que un cambio lingüístico favorable a la mujer no se traducirá per se en una mayor emancipación femenina, lanzo aquí una propuesta concreta para que la lengua española se muestre menos machista:

Introducir un nuevo elemento en la lengua que recoja en el plural las dos acepciones (masculina y femenina). Subrayo la palabra plural porque es ahí donde por lo general se origina el problema. Este nuevo elemento se construiría gracias a la funcionalidad de la letra ‘e’ así:

el niño

la niña

les niñes

Es decir: la expresión ‘los niños’ queriendo incluir a niñas y niños, desaparecería, transformándose en ‘les niñes’. Cuando se use de esta manera estará claro que nos estamos refiriendo a ambos sexos. El uso del nuevo artículo plural ‘les’ y de la ‘es’ en el sustantivo indicará que se trata de individuos de ambos sexos. Otro ejemplos:

el trabajador – la trabajadora – les trabajadores

la alumna – el alumno – les alumnes

la estudiante – el estudiante – les estudiantes

el psicólogo – la psicóloga – les psicologues

Si solamente se habla de mujeres en el plural se dirá: las niñas, las trajadoras, las alumnas. Lo mismo en el caso exclusivo de hombres: los alumnos, etc.

Gracias a esto el Gobierno de Venezuela podrá rescribir su Constitución sin tener que especificar cada vez ‘los venezolanos y las venezolanas’ sino ‘les venezolanes’.

Pero claro, las cosas no son tan simples. No bastará con crear un nuevo artículo. Hay que posibilitar a la lengua para que cree con la ‘e’ nuevos sustantivos, pronombres, adjetivos, adverbios, etc. De modo que sea posible decirse:

Nuestres hijes

Todes les empleades de la empresa

Juan y María viven juntes

Yo creo que esta función de la ‘e’ corresponde con la idea que surgió inicialmente con el uso de la arroba (niñ@s) para incluir a ambos sexos. Pero uno de los principales problemas de la arroba es que se puede escribir y leer pero no se puede pronunciar. Es muy difícil introducir un símbolo impronunciable en la lengua. A menos que se decida pronunciar como ‘e’ cuyo sonido está a medio camino entre la ‘a’ y la ‘o’. Pero en tal caso mejor usar directamente la ‘e’.

Ahora bien, el principal problema de esta propuesta es que, como lo sugiere también el lingüista Ignacio Bosque en su manifiesto, el sistema lingüístico no es una especie de código civil en el que un grupo de especialistas decide e impone las reglas, “… la evolución de su estructura morfológica y sintáctica [no depende] de la decisión consciente de los hablantes [ni se puede] controlar con normas de política lingüística”. Les (las y los) señores de la RAE no pueden sentarse a escribir así no más una nueva gramática. Pero, me pregunto yo, en aras de encontrarle una solución a este debate de género ¿no valdría la pena dejarlos que lo hagan por esta vez? Que la comunidad hispanohablante del mundo les  conceda a las academias de la lengua española de todos los países en donde éstas existen, que hagan desde arriba las modificaciones aquí sugeridas.

Por supuesto que el problema tampoco terminaría ahí. Aunque las academias lo decidan, todavía falta que la gente lo aprenda y lo ponga en práctica. Esta es la parte más difícil. Habría que comenzar por hacer nuevas ediciones de los libros de gramática española que se usan en los colegios. Que la nueva gramática comience a enseñarse desde la infancia. Es decir, los adultos de hoy probablemente no nos acostumbraremos al cambio, pero las nuevas generaciones sí. Y quién sabe, de aquí a dos generaciones más, será absolutamente normal hablar en correcto castellano de ‘les españoles’, ‘les colombianes’, ‘les argentines”, etc. etc..

Un detalle más: esto se limitaría solo a los seres humanos (seres humanes), a los miembros del reino animal los dejaríamos (por ahora) por fuera.

¿No es una buena idea?

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