Recordando a la traductora y a la amiga.
Algo que yo le oí decir muchas veces a Mariolein al referirse a su trabajo de traductora es que en ese oficio, el traductor tiene que penetrar tanto en la obra que está traduciendo que es como si se metieras en cuerpo y alma dentro del libro en cuestión. Especialmente cuando se trata de una obra extensa, de esas que toman meses y meses de trabajo. Desde que se levanta hasta que se acuesta, la traductora vive sumergida en la historia, en la vida de los personajes, en el tiempo en el que se desarrolla la trama, en el ambiente, en el color local. Por la noche, con frecuencia sueña con todo esto. Y sus días están tan llenos de estas imágenes que, incluso cuando habla con otros, sobre otros temas, la novela está interrumpiendo constantemente sus pensamientos. ¿Cómo va a interpretar esa frase que hace días le viene dando vueltas en la cabeza y para la que no encuentra aún una solución que le satisfaga?
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