La desmitificación de los germanos. Ni tan bárbaros, ni tan heroicos, ni tan puros.

Doble exposición sobre los germanos en la isla de los museos – Las tribus germánicas: perspectivas arqueológicas, y 200 años de mito, ideología y ciencia.*

Se dice que la historia la escriben los que ganan las guerras. Lo que también se podría traducir como, los que tienen el poder para escribirla e imponerla como única verdad. A comienzos de la era cristiana en Europa, los únicos que tenían verdaderamente este poder eran los romanos. La exposición de la James-Simon Galerie y el Neues Museum sobre las tribus germánicas cuestiona ahora la visión que se ha tenido —y aún se tiene— sobre los germanos desde los tiempos de los romanos, desde que Julio César y el historiador Tácito observaran sus costumbres y los describieran como guerreros (lo que también quería decir: salvajes). Pero además, con la simplificación de sus observaciones, los romanos no fueron capaces de ver la enorme diversidad cultural que había entre las tribus germánicas, sus profundas rivalidades, considerándolas como un pueblo unificado, como una nación —Tácito acuñó el nombre de Germania—, como si todas tuvieran los mismos ritos, las mismas costumbres, la misma lengua.

Desde el siglo I hasta el siglo IV DC, las tribus germánicas se asentaron en el área al este del Rin y al norte del Danubio.

Asentamiento germánico en Baja Sajonia alrededor del s. III)

Para Julio César eran solo cazadores y recolectores primitivos, con una dieta elemental de carne y productos lácteos, y dioses terrenales primarios, como el sol, el fuego y la luna. Y se escandalizó al ver que las mujeres y los hombres se bañaban desnudos en el río. ¡Qué primitivos! (¿Será por eso que a los alemanes todavía les encanta desnudarse al aire libre cada vez que pueden?) Pero a pesar de describirlos como atrasados y rústicos, el césar siente una profunda admiración por su naturaleza guerrera, aunque sea esto también lo que más los aproxime a la barbarie.

Relieve con bárbaro de rodillas

Esta percepción arcaica de los germanos como bárbaros se ha mantenido hasta hoy día. Por ejemplo, los Vándalos, una de las tribus germánicas supuestamente más belicosas darían origen al calificativo de ‘vándalo’ (persona que comete acciones propias de gente salvaje y desalmada, como algunos hinchas de fútbol de los grandes clubes de Europa). Es muy posible que los antiguos vándalos no fueran unos angelitos, pero de haber dejado documentación sobre sus guerras con los romanos probablemente estos últimos tampoco habrían salido muy bien parados en materia de uso de la violencia.

Fue esta visión de pueblo guerrero, que se mantenía racialmente puro, porque supuestamente no se mezclaba con otros, de la que echó mano Hitler para sus ideales supremacistas. Y de la que sigue echando mano la extrema derecha alemana de hoy con el mismo fin.

La idea central de la exposición es mostrar que el mundo germánico no era una entidad estática y pura, como creía Hitler. A lo largo de cuatro siglos, Germania sufrió numerosos cambios debido a la influencia de las culturas con las que estuvo en contacto. Los celtas, los romanos, e incluso la cultura griega ayudaron a conformar el mundo germánico, y “esta combinación habría eventualmente suministrado los fundamentos sobre los cuales se construyó la Europa medieval”.

No hay pueblos estáticos ni puros, lo habitual es el cambio y la mezcla. El curador de la exposición, refiriéndose al abuso que cometen los grupos de ultraderecha en Alemania cuando usan el término ‘germánico’, dice que “nosotros, como arqueólogos, queremos contrarrestar ese desarrollo, cualquier cosa que la gente diga sobre las tribus germánicas está obsoleta desde hace mucho tiempo; no son un pueblo ni una nación”.

Figurita de ganado en bronce, siglo III DC

* La exposición está abierta hasta el 21 de marzo de 2021.

Un comentario

  1. Interesante mirada (y síntesis, claro). El único que podía llegar a pensar que los germanos eran puros era el idiota de Hitler (bueno, no era el único, demasiados compraron ese cuento por conveniencia o ceguera).
    La cuestión del poder no deja de ser interesante, también; que para Julio César todo aquel que no fuera romano fuera -en menor o mayor medida- un bárbaro era algo más bien fruto de su poder imperial que de un razonamiento básico. Lo mismo pasaría con el Imperio Inglés y lo mismo pasa ahora con los yanquis; que se creen el centro del universo y no son más que una mala broma (¿será que los imperios, como todo, son cada vez más vulgares o será que éste es el que podemos ver nosotros de primera mano y siempre fue lo mismo?).

    Un abrazo y buena entrada.

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