Mi fascinación por las palabras esdrújulas me llevó el otro día a hacer una recopilación de varias de ellas. Las metí en una caja, las revolví, las sacudí, y después comencé a sacarlas y ponerlas en un orden arbitrario, de modo que formaran frases. O mejor, que formaran versos que terminaran tomando la apariencia de un poema de contenido básicamente esdrújulo. Lo cual es, como podrán imaginar, absurdo.
Este fue el resultado:
Esdrújulas Cantábamos
¡Esdrújulas!
Buscábamos la sílaba, el párrafo
El título, la página, el prólogo
Anhelábamos muchísimos propósitos
Aún estábamos entre las pálidas y tímidas líneas
De ínfimas décimas y milésimas,
Pareciéndonos fantástico
Lo que imaginábamos tras el cántico de los pájaros
Teófilo Expósito tocándonos en el órgano
Una música anónima, mínima y autobiográfica
Bárbara exhibiéndonos la armónica y el triángulo
Cálidos artífices de épocas más clásicas
El mísero e irónico pronóstico de los hipócritas
Sirviéndoles los sábados a los clérigos
Arreglándoles las níveas sábanas
Penélope tejiéndoles, riéndose, burlándose, a propósito
Mientras marchábamos rápido con la lámpara y la brújula
Mientras no encontrábamos la América pródiga
Comparábamos y comprábamos los cántaros
Los que siéndonos más útiles
Dábamos a los huéspedes
Y a los huérfanos de estómagos de lástima
Un contemporáneo Arquímedes de números cilíndricos
Un tal Rómulo Cárdenas describiéndonos estúpidos cenáculos
Mátame o déjame, gritábale Álvaro
A la fanática Verónica
Lázaro inclinándose y levantándose
Diógenes alumbrándonos con la lámpara eléctrica del prójimo
Cayéndose, tumbándose, sentándose
Contándonos el síncope.
Débora filmándolo con la cámara del teléfono
Era el hábito, o el mérito
Llegáramos o nos fuéramos
Lloviéndonos, cayéndonos relámpagos
Estábamos mojándonos hasta el tuétano
Los zánganos picándonos sin lástima
Los canónigos observándonos desde el púlpito
Ocultándose tras el escándalo de las recámaras
El público sin dar crédito a tal plática
El pésimo espectáculo iba del pánico a lo fantástico
Como un diálogo cómico y sin límites
Una máxima recíproca de informáticos cánones
De Física y de óptica plástica
Vivíamos como sonámbulos
Postergándonos mientras pensábamos
Mientras derramábamos lágrimas
Pasábamos del espectáculo a la práctica
Los médicos proyectándonos sus magníficos cráneos
Los periódicos apoyándose en célebres psicólogos,
Declarándonos apáticos, ásperos, acérrimos, ácidos e imbéciles
Calígula con el látigo azotándoles las clavículas
Partiéndoles el húmero y la médula
Dejándoles en ridículo cada célula del espíritu
Avanzábamos rápido por el vestíbulo
Sin método, sin hábito, guiábanos solo el vínculo
El símbolo óptimo icónico de una melancólica Andrómeda
¡Díselo, Júpiter! Permítanme decírselo
Al paupérrimo Dávila, al patético y doméstico Arévalo
Navegábamos por el Atlántico para llegar a México
un tráfico monótono sin técnicas
Éramos náufragos del Océano Índico
Llegábamos a Antártida sin cédulas
Íbamos con las simpáticas Ángela, Mónica, Yésica
Una de Cáceres, otra de Málaga, la última de Córdoba
Salíamos de Bélgica para ir a Mónaco y a Córcega
Terminábamos en un páramo ya no húmedo del África
De purpúreos hipopótamos muriéndose...


¡Místico! ¡Mágico! ¡Único!
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Gracias, Karen. La verdad es que fue sobre todo divertido.
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