Hipopótamos: la herencia de Escobar

— Foto de JP, en Unsplash —

Uno no sabe si reír o llorar con este asunto de los hipopótamos de Pablo Escobar. Reír, porque el hecho de que un criminal excéntrico hubiera decidido en su momento comprarse en África cuatro ejemplares de estas enormes bestias para gozar de ellas en su zoológico privado parece un chiste. Y llorar porque no solo no es un chiste sino que la gracia del famoso narco se ha vuelto un costoso drama ecológico en Colombia para el que ninguna solución deja contentos a todos los involucrados. Cuando Escobar murió en 1993 los animales quedaron vagando por aquellas tierras y reproduciéndose a la buena de Dios.

Los cuatro animales se han multiplicado al punto de que hoy se calcula que hay cerca de 200 hipopótamos viviendo libremente en el valle interandino colombiano, que es como un paraíso para ellos, porque el clima es ideal, hay bastante agua, vegetación (¡hay que ver lo que comen!) y no hay en el territorio otro animal más fuerte que les oponga resistencia. Si no se toman medidas, se calcula que en 2030 habrá 500 agresivos hipopótamos haciendo de las suyas, atacando a las especies nativas, los cultivos locales, y modificando en general el ecosistema de la región.

A esta situación bastante estrafalaria ya, se ha venido a sumar en los últimos días un nuevo capítulo con un toque todavía más extravagante si se quiere. Resulta que cuando se enteró de que el Ministerio del Ambiente colombiano recomendó aplicar la eutanasia a ochenta de estos animales, como parte de la solución al problema, un ultramillonario indio, el señor Anant Ambani, ofreció comprarlos para llevárselos a su propio zoológico en su país. ¡Qué locura! Y bueno, parece que tener zoológico propio es una de las debilidades de los súper ricos que no saben qué hacer con la plata. Tener un zoológico no es solo un símbolo de riqueza sino de poder. Dicen que Ambani tiene 50 osos, 160 tigres, 200 leones, 250 leopardos y 900 cocodrilos, entre muchos otros animales. Según él, para protegerlos.

Anant Ambani, foto de Free Press Journal, India

La posesión de animales exóticos es un rasgo de poder que Escobar y Ambani comparten con algunos de los hombres más poderosos de la historia. Se cuenta que Moctezuma II mantenía uno de los zoológicos más impresionantes del mundo de su época en Tenochtitlán. Así también Alejandro Magno, Julio César, Augusto y otros emperadores romanos. Y después de ellos otros grandes hombres más.

Imagen de Magnific

Cómo piensa trasladar Anant Ambani a estas gordísimas bestias de Suramérica a la India es algo que no está muy claro todavía. Lo único seguro es que, de lograr hacerlo le va a costar sin duda una fortuna, aunque esto no debe ser un problema para el hombre más rico de la India. Pero el espectáculo de ochenta hipopótamos viajando de un continente a otro…, ¿no tiene algo de tragicómico? Para las bestias aquello no debe ser un crucero turístico. La vida de los hipopótamos no se parece a la que narran los cuentos infantiles.

¿Los llevarán anestesiados, en barcos? ¿Cuánto duraría la travesía? ¿Y qué pasaría si se despiertan en medio del océano? También podrían llevarlos en avión. Sería más rápido, pero ¿cuántos aviones se necesitarían?, sabiendo que según un artículo de la National Geographic, “cada ejemplar puede pesar toneladas, requiere sedación, transporte especializado, cuarentenas y garantías sanitarias”.

También se ha pensado en esterilizarlos. Pero, eutanasia, esterilización o traslado, cualquiera de las posibles soluciones es difícil de realizar y costosísima.

Lo más triste de toda esta historia es que los hipopótamos son percibidos como los malos de la película, se los llama ‘invasores’, atacan a los manatíes, las tortugas y otras especies nativas del río Magdalena. Hay que eliminarlos de alguna manera, es la opción dominante. Como si ellos tuvieran la culpa de la irresponsabilidad humana. Los únicos que los han defendido son, naturalmente, los defensores de animales, pero solo de palabra porque estos no han presentado ninguna propuesta que solucione el problema ecológico y de seguridad para los habitantes de la región.

Aunque algunos sí tienen una solución: ¿por qué no comérselos? Este artículo sugiere que si se come el chigüiro, el ciervo, el jabalí y tantos otros animales salvajes que no le hacen daño a nadie, ¿por qué no los hipopótamos de Escobar que tienen aterrorizada a la población y tienen bastante carne?

Foto de Gene Taylor, Serengeti National Park, Tanzania, en Unsplash

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