Un desastre climático anunciado
La respuesta a esta pregunta es No. Porque el cine y cualquier otra manifestación artística solo cumplen el rol del bufón del rey. Alguien que podía atreverse a decirle al caprichoso rey las verdades más incómodas sin temor a que lo mandara a matar. Pero al mismo tiempo, las verdades reveladas por el bufón solo eran motivo de risa, nadie las tomaba en serio, no servían en lo más mínimo para cambiar los caprichos del rey. Del mismo modo, el arte y los artistas se pueden permitir decir las cosas más ofensivas contra el régimen y los poderosos, porque siempre se entenderán como dichas por un loco, por alguien impulsado por sus interpretaciones fantásticas de la realidad.
Ha habido, sin embargo, que yo sepa, al menos un caso en el que una película hizo cambiar de opinión a un presidente de los Estados Unidos. Sucedió en 1983. Después de ver The Day After, sobre una guerra entre la Unión Soviética y Estados Unidos que termina en una catástrofe nuclear, el entonces presidente Ronald Reagan, dijo que la película era muy efectiva y lo había dejado deprimido, al punto de cambiar su política hacia la URSS. Eran años de Guerra Fría. Al poco los dos países firmaron un tratado de control de armas nucleares. Reagan le mandó un telegrama al director del film diciendo que la película había tenido mucho que ver en esa decisión. Pero bueno, después pasaron los años, llegaron nuevos presidentes y los tratados fueron revocados.
Después de ver Digger, la excelente película del mexicano Alejandro González Iñárritu, me quedé pensando un momento: ¿no sería buena idea mostrarles esta película a ciertas personas como: Donald Trump, Elon Musk, Peter Thiel, los CEO de las grandes empresas petroleras, los príncipes árabes, los Bolsonaro (padre e hijo) y los otros presidentes de la ultraderecha latinoamericana ávidos de seguir perforando sus territorios en busca de más gas, más carbón, más petróleo?

Pero enseguida me di cuenta de que no serviría de nada. Algunos, como Donald Trump, ni siquiera la entenderían, la trama es demasiado compleja. Sin embargo sería interesante saber lo que piensan los jefes petroleros de esta película. Conocer hasta qué punto la industria de los fósiles y los gobiernos que las apoyan son conscientes de que lo que está en juego es la supervivencia de la humanidad, en la que están incluidos ellos mismos, y que es su codicia lo que nos está arrastrando a todos al abismo.
El último informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lo pone claramente: todavía se podrían minimizar los daños causados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y no superar el calentamiento de 1,5 grados Celsius. Pero para ello se necesita comenzar ya a “reducir drásticamente las emisiones a corto plazo, impulsar masivamente las energías renovables, combatir las emisiones de metano y proteger los bosques y apoyar la eliminación del carbono”. Lo que no solamente no se está haciendo sino que, al contrario, el asunto se ha eliminado de las agendas de los gobiernos y grandes empresas antes mencionados.
Así pues, no es solamente que no haya voluntad política para detener el calentamiento y sus consecuencias, es que la política dominante en este crítico periodo histórico antepone la ganancia económica a cualquier criterio de seguridad ecológica que represente una merma de esa ganancia.
Los políticos pro-energía fósil y los CEO de las petroleras son Digger Rockwell, el magnate del petróleo de la eco-sátira de Iñárritu. Este excéntrico multimillonario ignora las advertencias de los científicos del clima para que deje de perforar el Ártico, porque las grietas en el hielo están expulsando metano a la atmósfera. La situación ha empeorado tanto que se ha desprendido una enorme plataforma de hielo que ahora se desplaza hacia Europa, y que producirá una catástrofe apocalíptica una vez se estrelle contra las costas del norte de Europa. Digger y todos los personajes de la película son caricaturescos. Lo que no los hace menos cercanos a la realidad. Cuando Mr Digger habla de saquear el Ártico para aprovechar sus riquezas, parece que estuviéramos oyendo a Donald Trump expresar sus ambiciones árticas. Trump puede ser en sus discursos tan excesivo y grotesco que también parece una caricatura. Pero es de verdad.
Es una lástima que la ficción no tenga efecto en la realidad política. Que el arte no sea capaz de cambiar el mundo. De ser posible, películas como esta harían comenzar a aplicar seriamente cuanto antes las recomendaciones de los científicos del clima. De momento, Digger es solo una sátira sobre la que hablan, mal o bien, los aficionados al cine, por la que su protagonista, Tom Cruise, podría ganar o no un Oscar el año entrante, y que terminará engrosando la lista de películas con mensaje ecológico que, pasado cierto tiempo, ya nadie volverá a ver. Y la posibilidad de que Donald Trump tenga la lucidez momentánea de Ronald Reagan en su momento, un presidente que tampoco tenía fama de ser muy listo, es nula.


