Qué fácil es hacer a un ser humano. Esta es una verdad que sobre todo los ginecólogos conocen muy bien. Un poquito de semen introducido en el justo momento en un óvulo y ¡zas! A los nueve meses sale pataleando y llorando un nuevo ser humano.
Este es el principio de las clínicas de fertilidad. Quienes estén en busca de tener un hijo propio, una mujer sola o una pareja, y no lo consigan por las vías tradicionales, no tienen sino que dirigirse a una de estas clínicas y ponerse en manos de sus especialistas. Ellos saben lo que hay que hacer. ¡Cuántos niños no habrán nacido en el mundo desde que se generalizó este tipo de clínicas!
En los últimos años han surgido varios escándalos en los Países Bajos sobre abusos cometidos por algunos ginecólogos que trabajan en el área de la inseminación artificial. El abuso está en haber usado su propio esperma para inseminar óvulos, haciéndole creer a la mujer que se trata del esperma de su marido, o del esperma de un donante anónimo. Uno de esos casos es el de un ginecólogo que en la década de los ochenta usando su esperma llegó a engendrar al menos dieciséis hijos.
El ginecólogo parecía un hombre tan correcto que quién se iba a imaginar que iba a comportarse como un cuco. El cuco es una especie de ave que acostumbra dejar sus huevos en los nidos de otras aves para que estas se los empollen. Son muy listos los cucos. Eligen un nido de un pájaro que se parezca a ellos y aprovechan un descuido de la pájara madre para depositar sus futuros cuquitos. Parece que el fraude no es un distintivo solamente humano.
Se sospecha de casos de ginecólogos que pueden llegar a tener hasta un centenar de hijos. El escándalo explotó cuando un día alguien descubrió que tenía un montón de medio hermanos y hermanas. Un simple test de ADN reveló que provenían todos del mismo padre, que era el doctor donde sus madres se habían hecho inseminar. Un consejo a las mujeres que estén planeando hacerse inseminar: vayan a una clínica en donde solo trabajen ginecólogas.
Uno de esos doctores se justificó diciendo que lo había hecho para no decepcionar a sus clientes/pacientes. La pareja tenía ese día una cita para la inseminación, pero el donante no se presentó. ¿Qué hacer? Eran los años en los que todavía no se congelaba el esperma y había que actuar rápido porque los espermatozoides tienen un tiempo de vida corto. El médico podía decirles a los clientes que regresaran otro día, pero ellos estaban tan ilusionados… Con lo fácil que es para un hombre producir un poco de semen. En la habitación de al lado el doctor hizo lo necesario, y con el producto en la pipeta, el óvulo de la señora pudo ser exitosamente fecundado. Nadie, solo él, iba a saberlo nunca, pensó.
Pero los tiempos cambian. Con la popularización de los test de ADN muchas personas descubren que no son hijos de quien creían que eran. Así se ha llegado a establecer que en este país de unos 16 millones de habitantes puede haber hoy hasta cien mil niños (muchos ahora ya adultos) nacidos de un donante anónimo. Algunos de estos hijos, cuando han buscado identificar al padre se han encontrado de paso con una cantidad de hermanos. Y ¡horror!, han encontrado también que el padre padece de una preocupante anomalía genética. Otro de los problemas colaterales de andar sembrando el semen a diestra y siniestra es el riesgo de incesto inadvertido. Una hija de este padre anónimo puede resultar conociendo y enamorándose de un hijo de este hombre sin saber que son hermanos. Sus hijos, si llegaran a tenerlos, tendrán un alto riesgo de trastornos genéticos.
Parece que en estas materias, Dinamarca es un gran exportador de espermatozoides. Con lo cual, en muchos lugares del mundo debe haber montones de niños engendrados por un desconocido padre danés. Incluso en Holanda se usa bastante esperma danesa. Hace unos días se veía en las paradas de los tranvías en Ámsterdam una publicidad muy curiosa. La foto de un hombre guapo, saludable y feliz, de unos treinta años, publicitando un banco de esperma danés, diciendo, “Si tú puedes, ayuda a los que no pueden”. Del anuncio no se desprende que este joven sea él mismo un donante, pero la sugerencia es la de que, si quieres ser donante nos gustaría que te parecieras a este chico. Blanco, fuerte y ojizaul.
La gente dona sangre, dona órganos, dona tejidos, córneas, piel, tendones, vasos sanguíneos, cabello… ¿Por qué no se iba a donar semen? La diferencia es que con el esperma donado no se le va a salvar la vida a nadie, sino que lo que se quiere es comenzar una nueva vida. Así de fácil. Así de simple. Culaquier doctorcito puede juntar en un mínimo laboratorio rudimentario dos células y producir un bebé.



Muy esclarecedor y ameno. Saludos.
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