El aprendiz de brujo – Los trucos de la geoingeniería

Cada vez que leo algún artículo en la prensa sobre proyectos de geoingeniería para corregir el calentamiento global no puedo evitar pensar en el cuento de El aprendiz de brujo.

En la balada de Goethe que lleva ese título, Der Zauberlehrling, un joven mago cree que ya sabe bastante para hacer trucos tan buenos como su maestro. Pronto se dará cuenta de que estaba equivocado pero ya es tarde porque ha creado una catástrofe alrededor suyo. Esta misma historia la recrea Walt Disney en su maravillosa película Fantasía (1940) usando un poema sinfónico del compositor francés Paul Dukas, inspirado en Goethe y titulado precisamente L’apprenti sorcier. En esta versión, Mickey Mouse, el aprendiz, es un jovencito muy inteligente y ávido de conocimientos. Un día que el mago se va de casa, Mickey se pone el gorro del maestro para asumir su personalidad y hace un truco que le funciona bien. Contento con esto, se echa a dormir y sueña que se ha convertido en un gran mago capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza, controlar los astros, los mares, las nubes, las aguas, hasta que se despierta y se da cuenta de que ha provocado una inundación y no es capaz de detener la magia.

La geoingeniería, o ingeniería climática, es la manipulación a gran escala del medio ambiente terrestre con el fin de enfriar el planeta o de reducir el CO2 en la atmósfera. No es nada muy nuevo, se viene hablando de esto desde hace años. Sin embargo estas tecnologías se encuentran todavía en pañales, y lo único que está verdaderamente claro es que una interferencia de estas magnitudes en la naturaleza tiene riesgos inimaginables. A pesar de ello, algunos todavía insisten en esta opción como la mejor manera de disminuir la concentración de carbono, incluso sabiendo que existe una manera más segura y eficaz de lograr esa reducción: simplemente reduciendo las emisiones.

La geoingenería incluye una diversidad de tecnologías: la pulverización masiva de aerosoles en la estratosfera, que es como querer ponerle una especie de sombrillitas al sol para que no caliente tanto la Tierra; otra quiere cubrir el mar con una espuma artificial que haga las veces de espejo que refleje la luz solar; otra pretende hundir enormes placas de hierro en los océanos, lo que supuestamente ayudaría a aumentar la absorción de carbono en los mares; otra siembra nubes para hacer llover. Y muchas más, todas de compleja naturaleza y explicación. A las personas interesadas en saber un poco más sobre el tema les recomiendo como introducción esta página que da cuenta de la geoingeniería en un lenguaje sencillo.

La pregunta que surge es, ¿está la ciencia de hoy en capacidad de manipular el clima del planeta a esos niveles sin causar efectos impredecibles que solo consigan empeorar las cosas? La respuesta es claramente, NO. Recientemente un grupo amplio de académicos y científicos firmaron una petición a favor de un acuerdo internacional que impida el uso de la geoingeniería solar. Entre los argumentos que ellos esgrimen (que se pueden leer en la carta que enviaron a Naciones Unidas), destacan el hecho de que estas tecnologías desconocen los impactos sobre los patrones climáticos, la agricultura, la provisión de agua, etc. En fin, que es mucho lo que la ciencia de hoy todavía desconoce sobre el comportamiento del clima y del planeta, y cualquier experimento de las dimensiones que propone la ingeniería climática es irresponsable. “Manipular el clima en una parte del mundo puede tener consecuencia graves en otra parte”.

Los científicos que se oponen a la geoingeniería destacan también que ésta no aborda las causas de fondo del cambio climático y solo trata sus síntomas. “Como cuando te sientes mal y nada más te tomas una aspirina para tratar el dolor de cabeza pero no acudes con un médico para entender las causas del malestar”. Que en este caso son bien conocidas: las crecientes emisiones de carbono.

Mientras leía en Internet algunos artículos sobre este tema encontré que “cambiar el clima de un país” está calificado como crimen de guerra en la Convención de Ginebra de 1976. Sin embargo parece que eso no le importa a nadie porque las investigaciones siguen adelante. Y no solo eso, las intervenciones para modificar el clima ya suceden en muchas partes, en China, Europa y Estados Unidos. La China lleva años aplicando esta tecnología para manipular los sistemas naturales de su territorio. La aplicaron en agosto de 2008 para retrasar la tormenta que caería el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing ese año. Entre sus programas de geoingeniería está la formación de nubes artificiales con dispositivos aéreos que rocían sustancias químicas para estimular la lluvia, el granizo o la nieve. Estos estímulos artificiales ya han dejado ver sus riesgos, por las inundaciones que generaron alguna vez en el territorio tibetano. Tal cual como le pasó a Mickey Mouse en la película de Disney.

Hace pocos días vi en la prensa holandesa el anuncio de una prestigiosa universidad del país buscando un especialista que se encargue de investigar cómo detener el calentamiento global reduciendo la radiación solar con intervenciones técnicas. Como dijera una investigadora que se opone a estas prácticas, parece que el espíritu de la geoingeniería ya se ha salido de la botella y hacerlo regresar va a ser difícil.

Lo dicen los mismos científicos dedicados al tema: todavía es muy poco lo que se sabe del clima y sus variaciones. No estamos en capacidad de prever las consecuencias, de prever las repercusiones posteriores a las intervenciones artificiales del clima. La ciencia de hoy está en capacidad de crear una tormenta, pero no de atajarla en caso de que se le salga de las manos. Los geoingenieros están jugando a Dios con el clima de la Tierra. No quiero parecer retrógrada cuestionando los desarrollos de la ciencia, pero aquí es mucho lo que está en juego.

La historia de la balada de Goethe/Dukas/Disney tiene un contenido moralizante: eso es lo que nos pasa cuando hacemos cosas sin medir las consecuencias. Mickey se arrepiente de lo que ha hecho, pero al final aparece el mago maestro y lo pone todo en orden. En la vida real no habrá mago maestro. Nos quedaremos con el caos creado por el aprendiz.

Foto de Markus Spiske, Unsplash

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