El triunfo de la estupidez humana – #NoALaGuerraEnUcrania

Ucrania 2017 – Foto de Ann Jovovich, en Unsplash —

Escuchando el discurso de Putin declarando la guerra a Ucrania, se le pone a uno la piel de gallina por el lenguaje que usa el presidente ruso: “cualquier interferencia tendrá consecuencias como nunca se han visto”. ¿Como nunca se han visto? ¿Qué quiere decir con esto? ¿Que va a usar las armas atómicas? Putin habla también de ‘desnazificar’ Ucrania. Todo esto es muy preocupante porque es señal de que estamos frente a un individuo insensato, el dictador de un país que cuenta con – éste sí – armas de destrucción masiva, y está dispuesto a usarlas.

En un artículo del 9 de febrero (es decir, de antes de la declaración de guerra a Ucrania), publicado en The Economist, el historiador Yuval Harari afirma que las élites políticas de hoy ya no están dispuestas a lanzarse en una guerra de agresión para promover sus intereses, que las naciones ya no fantasean con conquistar y anexionarse a sus vecinos. Este argumento se sostiene en lo que es un pilar central del análisis de Harari: que la economía global ya no se basa en materiales sino en datos. “Mientras antes las principales fuentes de riqueza eran los bienes materiales, como las minas de oro, los campos de trigo y los pozos de petróleo, hoy en día la principal fuente de riqueza es el conocimiento. Y mientras que puedes apoderarte de los campos petroleros por la fuerza, no puedes adquirir conocimiento de esa manera».

Un análisis acertado pero solo en parte. Si bien es verdad que el poder de la información (los datos) es cada vez más dominante, el mundo de hoy es todavía un mundo muy material. La ubicación geográfica, los pozos de petróleo, las minas siguen siendo buenos argumentos para querer apropiarse de territorios. La movida de Putin en Ucrania es un buen ejemplo, a menos que consideremos la agresión de Putin como un accidente en la historia, como un gesto anacrónico, algo que no casa con el espíritu de estos años. De ese modo han explicado algunos historiadores a Hitler y su genocidio judío: como una incoherencia, algo que simplemente no tenía sentido en la realidad histórica del siglo XX.

Pero anacrónica o no, la invasión rusa a Ucrania es una realidad en 2022. El Secretario general de la OTAN dijo ayer, “Ahora tenemos una guerra en Europa, en una escala y de un tipo que pensábamos que pertenecía a la historia”. Lo que pasa es que la Historia no ha terminado, como han sugerido algunos. Por eso no debe sorprender que todavía en 2022 las fronteras (en Europa) pueden cambiar por la fuerza. Quién garantiza que Europa siga siendo la misma Europa de aquí a unos años. Ahí está el Brexit.

¿Existe en el mundo de hoy una garantía para la paz? ¿O a lo máximo que podemos aspirar (en esta era nuclear) es a una ausencia de guerra, a una prolongación permanente de la guerra fría?

La vida en el planeta nunca ha sido más vulnerable: las consecuencia de la contaminación ambiental y el cambio climático, la proliferación descontrolada de armas nucleares, los riesgos de pandemias de dimensiones globales, el aumento de la pobreza en vastas regiones del mundo, y el desplazamiento masivo de población en busca de refugio. Todos estos son grandes desafíos de hoy que requerirían, si de verdad se busca solucionarlos, de la unidad y la cooperación de todos los países del mundo, sobre todo de los más ricos. Pero lo que vemos es justamente lo contrario, una desunión en la que cada cual tira para su lado. Los grandes poderes geopolíticos no pierden oportunidad de hacer sentir su fuerza. China se atribuye casi todo el Mar de la China Meridional sin importarle sus vecinos; Rusia quiere volver a recuperar los territorios de la antigua Unión Soviética; y occidente, bueno, solapadamente se introduce en donde puede a la menor oportunidad.

De manera racional somos capaces de entender que la solución está en la colaboración, pero a la hora de tomar las decisiones lo que prima es el sinsentido, la actitud egoísta, el propio interés económico o político. Porque los seres humanos, a la vez que somos capaces de grandes creaciones, también podemos ser muy estúpidos. “Nunca subestimes la estupidez humana”, dice también Harari en alguno de sus libros para explicar comportamientos ‘incoherentes’ con el espíritu de los tiempos. Como el que estamos viendo estos días. Cuando contra toda lógica y toda razón, Putin lanza a su país en una guerra de consecuencia impredecibles en la región y en el mundo, está dejando ver el lado más estúpido de su condición humana, poniéndose en riesgo incluso a sí mismo.

2 comentarios

  1. Sí, creo que no te falta razón cuando dices que es más la perversidad lo que explica este tipo de actos. Y a ello habría que añadir la arrogancia y la vanidad de figuras como Putin. El déspota por lo general se siente con derecho a todo porque se cree superior. Putin no soporta que EEUU y la Otan le hayan ganado terreno, no lo soporta, y por ello está dispuesto a todo, a pisotear el derecho internacional y cualquier orden establecido que obstaculice sus propósitos. Ya veremos qué sigue a partir de aquí… Saludos.

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  2. Muy bueno. Pero más que estupidez es perversidad de los humanos. Perversidad como esa capacidad de destruir a otros pacientemente calculada, construida, planeada; conciencia de articular paso a paso la disposición de romper vidas sin culpabilidad alguna. De justificar en aras de un pasado no solo perdido sino frustrado, la ambición de ser más poderoso a partir de la intimidación, el miedo, la muerte. Deseo mítico de l manejar a la manera de un saldar de cuentas los hilos de la vida de los que son diferentes de los que habitan en otros territorios y de apoderarse de estos a sangre y fuego. De imponer política, económica, social y culturalmente unas formas de ser que no existen, ni existieron.

    Así, ha funcionado esa perversidad humana históricamente y nos ha llevado a terribles catástrofes…que no sabemos si en algún momento nos borra del planeta; hoy ya tan arruinado por la misma lógica perversa.

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