Crisis climática y racismo

Vanessa Nakate – foto en Greeenpeace.org

Vanessa Nakate, la joven activista climática de Uganda dijo hace poco en una entrevista que, “no habrá justicia climática hasta que no haya justicia racial”. Palabras con las que hacía referencia a la intersección que hay entre cambio climático y desigualdad racial y social. Pues no es casualidad que los pueblos de piel oscura se encuentren en los estratos más bajos de la sociedad, y sean los que más padecen las consecuencias del clima. Mientras los negros y los pobres (que representan una porción considerable de la familia humana) tengan poca visibilidad, el discurso sobre el clima estará incompleto.

Nakate no habló por hablar. Muchos todavía se acuerdan de la tristemente famosa foto de las cuatro chicas blancas activistas que la agencia de prensa AP subió a Twitter el 25 de enero de 2020 (imagen superior), en el marco del Foro Económico mundial de Davos. Pero en la foto original (como se aprecia en la imagen inferior), no aparecían cuatro sino cinco chicas. ¿Por qué borraron a Vanessa Nakate? No debió ser casualidad. Si la foto era muy ancha han podido borrar también a la muchacha del otro extremo.

Imagen en Twitter

Y ahora en plena COP26, la cumbre de Glasgow han vuelto a borrar a Vanessa. Los medios volvieron a publicar una imagen recortada que la saca del cuadro. Ella ha reaccionado diciendo que, no solo han eliminado a una persona de la foto, han eliminado a su país y a todo el continente africano, uno de los que más sufre las consecuencias del cambio climático.

Greta y Vanessa con la Primera Ministra de Escocia, Nicola Sturgeon – La foto superior se difundió en Twitter. Después de un llamado de atención se publicó la imagen completa

Está claro que la prensa occidental es bastante selectiva a la hora de publicar imágenes o destacar hechos. Por ejemplo, mientras un incendio en California recibe un tremendo despliegue, y amplia cobertura en los noticieros de TV, un incendio en el Congo con una mayor área arrasada y muchos más muertos, pasa desapercibido. Ahora mismo en Glasgow, las protestas de los indios amazónicos que han viajado a exponer su situación, casi no han merecido la atención de la prensa.

Indígenas amazónicos durante un protesta en Glasgow, noviembre 2021

Pero afirmar que sin justicia racial no habrá justicia climática es bastante preocupante. Por la simple razón de que lo más seguro es que el mundo no va a lograr transformar en pocas décadas un comportamiento tan arraigado en el imaginario humano, presente durante tantos siglos, como es el racismo. El mundo no dejará de ser racista dentro de treinta años, en 2050, que es cuando se supone que se habrá alcanzado el objetivo de cero neto emisiones de CO2.

Hace poco leí en la prensa una entrevista con Mary Lea Trump, una sobrina de Donald Trump, a raíz de la publicación de un libro suyo extremadamente crítico con el expresidente. En él se refiere al racismo, entre otras cosas, de su no muy querido tío. Nada que nos sorprenda. Lo que me interesó de la entrevista es que ella se refiere a sí misma también como racista, explicando que, no es que ella quiera ser racista, no le gusta serlo, pero cuando has crecido en una familia como los Trump en la que la normalidad es ser racista, ella creció oyendo los comentarios más insultantes hacia los afroamericanos, entonces es difícil no sentir de la misma manera.

Todos hemos crecido en un mundo en el que se ha dado siempre por hecho (aunque resulte racionalmente absurdo y lo rechacemos) que la raza negra, los indígenas, los oscuros de piel, etc., son inferiores. Yo creo que todos somos MÁS o MENOS racistas. Incluso los que somos negros, amarillos o en general no-blancos. Es algo que llevamos adherido en nuestro ADN, una lacra con la que cargamos desde hace siglos y de la que es menos fácil de desprenderse de lo que parece.

Caracteres de Bridgerton

Lo ideal sería vivir en un mundo en el que nadie perciba ninguna diferencia racial. En el que los otros, cuando te vean, no te perciban como negra, blanca o amarilla, sino nada más como una persona. Un mundo como el de la serie británica Bridgerton en el que, en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX los personajes negros se entremezclan en la historia con los personajes blancos en el mismo nivel social. Una situación puramente fantasiosa, por supuesto, pues en la realidad, en esa época un negro que caminara por un palacio no era ni príncipe, ni duque ni nada por el estilo sino sin duda, sirviente o esclavo.

Haber borrado a una persona negra de una foto, como hizo la AP con la foto de las jóvenes activistas, probablemente no haya sido un acto deliberado de racismo. Probablemente obedeció a esa actitud inconsciente que tiende a dar prioridad a la gente de raza blanca por encima de las otras. Pero fue sin duda un acto racista.

Volviendo al clima: con toda la sabiduría que revelan las palabras de Vanessa Nakate citadas arriba, yo espero que no tenga razón. Que no haya que esperar a superar completamente el racismo para salvar este planeta. Porque si este es el caso, estamos perdidos. Pues vamos a necesitar, por desgracia, muchísimos más años de los que han sido previstos para reducir a cero las emisiones y mitigar el calentamiento global a niveles aceptables para la vida.

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