Chismosos

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Foto de Janet Burgess, https://freeimages.com/

Los seres humanos somos chismosos por naturaleza. Pero esto no es algo malo, al contrario, es muy bueno. Si les creemos a los psicólogos evolucionistas, gracias a eso los humanos logramos convertirnos en la especie más exitosa de todos los seres vivientes. El cotilleo es lo que nos hace humanos, dice un profesor de Oxford.

Chismorrear es lo mismo que compartir información. Pero resulta que la información más importante que intercambiamos los seres humanos tiene que ver con los otros seres humanos. Según el mencionado profesor, 65 por ciento de todo lo que hablamos es chisme. Y una vez más, esto es buenísimo. Así que cuando veamos por ahí a un grupito de compañeros de oficina hablando entre ellos de manera confidencial, no los critiquemos, podrían estar haciendo avanzar el mundo.

La biología evolucionista no tiene una explicación convincente para la aparición del lenguaje humano. Pero eso no importa, lo importante es que apareció, y con esto cambió el rumbo de todo lo que se movía en la faz de la tierra. No hay nada más asombroso que la flexibilidad del lenguaje humano, dice Yuval Harari en su famoso libro Sapiens. Podemos ingerir, almacenar y comunicar una cantidad prodigiosa de información sobre el mundo que nos rodea. Mientras un mono puede producir un grito que los otros monos entienden como “¡Cuidado, un león!”, una persona puede contarles a los de su tribu que esta mañana vio a un león cerca al río atacando a un bisonte, y dar toda clase de detalles. Gracias a esto, la banda se reúne para discutir qué es lo mejor que se puede hacer para defenderse del león.

Pero el temor al león era solo una parte, y no la más importante, de los temas de conversación de los primitivos. Mucho más importante era saber quién en la tribu era un tipo odioso, quién follaba con quién, quién era honesta, confiable, quién era un tramposo. Estas cosas. Este cotilleo, facilitado por el lenguaje, hizo posible que la cooperación entre humanos se ampliara a un número cada vez más grande de gente. Y a medida que los grupos se iban haciendo numéricamente más grandes, sus relaciones se iban haciendo también más sofiticadas, más complejas.

Los evolucionistas hablan de una gossip theory (teoría del rumor, o del chisme), y no en broma, sino muy en serio. Harari, que tiene bastante sentido del humor, comenta que cuando los profesores de historia se reúnen a la hora del almuerzo, normalmente no se ponen a discutir sobre las causas de la primera guerra mundial; y en la pausa de café los físicos nucleares no hablan sobre quarks. Bueno, quizá algunas veces. Pero con mayor frecuencia lo que hacen es cotillear sobre la profesora que pilló a su esposo con otra, o la pelea que tuvo el jefe del departamento con el decano, o que tal colega usó ciertos fondos para comprarse un nuevo auto de lujo.

No es casual que el cotilleo tenga que ver (casi) siempre con comportamientos miserables. Ante lo ‘bueno’ no hay que buscar protección, es lo malo lo que hay que conocer para defenderse. Para protegerse de tramposos y de vividores.

Los humanos somos seres sociales, por eso para nosotros es tan importante el cotilleo. Un estudio de la Universidad de Manchester basado en una serie de experimentos encontró que mientras la gente tiende a desconfiar de la gente que chismorrea demasiado, también desconfía de los que no chismorrean nunca. Así pues, un mínimo de chismorreo es necesario, sano, y socialmente aceptable e incluso deseable. Además, el chismorreo ayuda a reducir el estrés. Resulta que cuando alguien ve a una persona portándose mal aumenta su frecuencia cardiaca. El pulso vuelve a estabilizársele cuando el observador pasa esta información a otra persona. El solo hecho de transmitir la información es benéfico.

No obstante todo lo anterior, el acto de chismorrear no tiene buena reputación. De hecho está establecido como pecado en la Biblia. Por la simple razón de que los chismosos no se caracterizan por su objetividad. Pues si bien un chisme puede servir para desenmascarar alguna acción horrible cometida por un criminal (el colega corrupto que desvió fondos para comprarse un auto), también un chisme puede dar lugar (especialmente en estas épocas de viralización del cotilleo en internet) a grandes injusticias. Antes el cotilleo se quedaba en el círculo de la tribu, pero hora se expone en las redes sociales ante todo el mundo y, si es posible, con imágenes.

Virtud o pecado, no hay nada que hacer. Nos gusta el chismorreo. Somos cotilla por naturaleza. No logramos resistir ese deseo secreto por saber lo que otra persona sabe y nosotros todavía no. O por contar algo que sabemos y otros todavía no. Dar la primicia. De ahí debió surgir la prensa, y el oficio de periodista.

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