Houellebecq, a contrapelo

Soumission, de Michel Houellebecq (Reseña)

Foto: MetroNews France
Foto: MetroNews France

¿Estará Michel Houellebecq en camino hacia un disparo en la sien o en camino hacia la conversión religiosa? Esto mismo se preguntaban a finales del siglo XIX los lectores del escritor francés Joris-Karl Huysmans. El hombre terminaría finalmente muriendo por un cáncer en la mandíbula atribuido a su abuso del tabaco. En tanto que fumador empedernido, Houellebecq también ha considerado esta posibilidad para sí mismo.

A comienzos del siglo XXI, Houellebecq se inscribe en la tradición oscura y pesimista de los ‘decadentistas’ franceses de finales del siglo XIX –entre los cuales Huysmans– que se inspiraron en el pesimismo de Schopenhauer, en la narrativa de Poe, en Baudelaire, y en la crítica a la cultura de masas de Nietzsche, entre otros. La Francia contemporánea de Houellebecq es una sociedad decadente en donde han colapsado las ideas de la Ilustración facilitando la vía a aquellos que le buscan un sentido religioso a la vida.

Portada de "A rebours"
Portada de “A rebours”

Soumission, la última y controvertida (pero todas lo son) obra de Houellebecq es una versión contemporánea de À rebours (‘A contrapelo’) escrita por Huysmans en 1884, que describe la degeneración  de un burgués de la época. Los protagonistas de ambas novelas son antihéroes extravagantes, hastiados de la vida, cínicos, solitarios, frustrados, desgraciados, nada les satisface completamente, hasta el sexo ha ido perdiendo su sentido. Un desagrado que se extiende a toda la humanidad. “El mundo está compuesto de bribones y de imbéciles”. Una frase de ‘A contrapelo’ que habría podido decir también François, el personaje de Houellebecq.

La gente de hoy es banal, apática, conformista, no asume riesgos, lo único que quiere es el confort y la seguridad. Lo mismo que insinuaba Huysmans de sus contemporáneos en la Francia de finales del XIX. En su camino hacia el suroccidente del país huyendo de la guerra que se ha desatado en París en 2022, François reflexiona sobre los dilemas del hombre de Cromañón que habitaba en lo que es hoy Francia: cazar un mamut o cazar un reno. La opción de los hombres de hoy está entre el Auchan o el Leclerc a uno u otro lado de la autopista.

Ante la ausencia de valores, incluso los valores religiosos, porque en Francia las iglesias se han convertido en museos, en lugares de peregrinación para turistas, el islam con su propuesta de orden patriarcal es una opción destinada a ganar cada vez más adeptos. Al menos es lo que sucede en la novela. La propuesta provocadora de Houellebecq, con la que juega estupendamente en esta obra, es que el islam podría salvar a Europa del suicidio al que se dirige de seguir en la apatía de la llamada democracia occidental.

Charles Martel en la batalla de Poitiers
Charles Martel en la batalla de Poitiers

Adobado con una buena dosis de ironía inteligente, el libro es bastante agradable de leer. Pero en medio del debate creciente sobre el islam en Europa,  Soumission ha venido a echarle leña al fuego de la discusión. Esto, lamentablemente, hace perder de vista las calidades literarias de la obra, pues las tiene. Sus ideas provocadoras son sin embargo no muy fácilmente encasillables porque el autor se burla de todos a diestra y siniestra, de los musulmanes (François se refugia en Poitiers, el lugar en donde Charles Martel venció a los árabes en el año 732), de la extrema derecha lepenista, socialistas, liberales y de todo el arco iris político. La democracia electoral occidental que lleva décadas repartiéndose el poder entre la centro-derecha y la centro-izquierda ha conducido a la desidia y el conformismo de los franceses que no se han dado cuenta de que el país está a punto de sufrir un cambio profundo, de que están al borde de una guerra civil.

La visión de la mujer es otro de los temas recurrentes en la obra de Houellebecq que tampoco falta aquí. Las mujeres –esclavizadas bajo el estilo occidental de vida que las hace trabajar fuera de casa y ocuparse de las faenas domésticas, llevar los niños a la guardería, arreglar la casa, por la noche contestar email y llamadas telefónicas, y vivir estresadas por tener que mantener una apariencia de guapas y jóvenes–, con la victoria del partido musulmán en Francia van a ser más felices, podrán quedarse en casa, disfrutar de todo el tiempo libre porque no tendrán que trabajar.

Si no lo asesina un yihadista a Houellebecq podría asesinarlo también una feminista francesa.

Al final de su vida Huysmans se convierte al catolicismo y se va a vivir como oblato cerca de un monasterio. François también coquetea con esa idea cuando visita abadías y monasterios. Mientras tanto el partido islámico ha asumido el poder en Francia y la sociedad comienza paulatinamente a islamizarse, de una manera que al cínico François no le viene nada mal: ahora los hombres tienen derecho a tener hasta cuatro mujeres.

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