Los cuentos de Luis González

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Luis González – Foto de A Armenta

Historias poco comunes de gente común

Me encontré con el cubano Luis González en uno de los cafés que él acostumbra a frecuentar en su barrio en Berlín. A pocos metros de allí pasaba el muro. No hará ni dos décadas, esta era todavía una zona devastada por la guerra y por la proximidad de esa frontera de cemento y alambre que dividía la ciudad. Hoy, el muro es una franja verde y apacible por la que se pasean los turistas de todo el mundo, ansiosos de conocer ese capítulo de la historia del país. Desde ahí, la guerra fría –todavía viva para los exiliados cubanos de Berlín– parece cosa de un pasado muy remoto.

Luis González es un enamorado de Berlín, porque “esta ciudad tiene la capacidad de sorprenderme todos los días, desde que llegué hasta hoy. Es una ciudad increíble. Por su gente. No hay un típico berlinés. Hay muchos berlineses”. Llegó a Alemania, inicialmente a Baviera, como exiliado político, en 1996, pero al poco tiempo se trasladó a Berlín porque “quería más vida cultural, un lugar que ofreciera más posibilidades de hacer lo que me gusta. Creo que me quedo en Berlín”.

González nació y creció en Cayo Hueso, un barrio popular de La Habana. “Yo vengo de una familia sui generis en la que se mezcla la vida popular y la intelectualidad. Soy el resultado de una educación familiar. Entre mis juguetes siempre había libros, y eso me marcó. Para dormir, me leían cuentos; cuando llegué a la escuela, yo ya sabía leer. Los libros siempre han jugado un papel importante en mi vida. Si soy escritor es por esa influencia familiar”.

Nació en los años sesenta, “una época en que la educación tenía en Cuba un nivel muy alto y una cobertura amplia, de los cuales yo me beneficié. Era fácil estudiar, todo el mundo tenía acceso, el que no estudió fue porque no quiso. Había buenos profesores. En esos años, muchos escritores importantes estuvieron en Cuba, dieron conferencias. Los jóvenes de mi generación crecimos en este ambiente. La escuela nos llevaba a museos, bibliotecas, eventos. Como el festival de cine latinoamericano que se hace todos los años y que atraía no solo a cineastas sino a artistas plásticos, intelectuales. Era como un empujón cultural. Eso te inyecta energía”.

Reconoce que su formación académica y cultural se benefició de esa riqueza de la vida de la Habana de la revolución, pero en medio del “fenómeno de un lento y constante desmoronamiento del sueño socialista. Esto provocó un éxodo permanente de cerebros, intelectuales, pintores, cineastas, escritores…”.

Del dibujo al cuento

Antes de ponerse a escribir, Luis González se dedicaba al dibujo. “Yo era dibujante de historietas. Todavía dibujo, pero ya no con esa intensidad. En la historieta te expresas en imágenes en movimiento. Con el accionar de los personajes y un texto corto transmites un mensaje relativamente voluminoso. Pero llegó un momento en que la historieta se me quedó corta, no me permitía expresar todo lo que quería, y empecé a escribir”.

Sus primeros escritos estuvieron destinados a sí mismo, fueron como ejercicios para comprender lo que pasaba en su país. Luis era todavía un estudiante de secundaria cuando se instauraron los llamados “actos de repudio, que eran manifestaciones violentas contra los que se iban, o se querían ir de Cuba. Uno de esos actos se dio en mi aula de clases contra una muchacha cuya familia vivía en Estados Unidos. Fue muy duro ver esto”. Era el verano de 1980, la primera implosión del sueño socialista, y el éxodo del Mariel, cuando miles de cubanos huyeron de la isla.

“Esto fue para mí un baño de realidad que no me esperaba. Me puse a escribir para tratar de encontrar qué era lo que había detrás. Todo ese material debe estar ahora sepultado en alguna gaveta por ahí en Cuba. Traje algunas cosas. Ahora las releo y me doy cuenta de lo inocente que yo era entonces; pero también de que ya empezaba a vislumbrar que una parte de la realidad que vivía era un poco de cartón. Un cartón pintado con colores bonitos, que al primer aguacero se iba a desmoronar. Y por desgracia no me equivoqué”.

Cuentos-Luis (1)Durante todos estos años en Alemania, González ha escrito y publicado cuentos cortos en diferentes medios. Escribir es como dibujar con palabras, dice. El resultado más reciente es su primer libro de cuentos titulado, Gajes del Oficio, publicado por Ilíada Ediciones, compuesto por una lista de relatos de desbordante fantasía, con las temáticas más variadas. “No soy una persona muy paciente, por eso escribo cuentos. Hasta ahora no he tenido la paciencia de escribir una novela. Mis ideas van a la misma velocidad que voy yo, las tengo que plasmar rápido o se me diluyen.

No obstante, me cuenta que tiene un proyecto de novela ya empezado. Y si no avanza es porque “cuando estoy escribiendo me viene de repente la idea de un cuento, entonces paro y escribo ese cuento, y después otro cuento. Y cuando voy a ver, la novela estuvo parada un mes. De todos modos, la novela está comenzada, la tengo estructurada, y tengo un esqueleto de capítulos”. Le tiene incluso un título (provisional): Mi mundo Perfecto. Trata de la historia real de un maestro de secundaria que se convierte en proxeneta y se mete en la trata de mujeres. Ese hombre está cumpliendo 35 años en una cárcel de alta seguridad en La Florida. Lo interesante de la historia es cómo un maestro puede convertirse en un despiadado proxeneta que exporta a Miami mujeres como si fueran paquetes. Me interesa cómo una persona hace esa involución, ese proceso de deterioro moral que te transforma de maestro en vendedor de carne.

Cuando le comento que tengo la impresión de que el tema de la prostitución se ha vuelto muy central en la literatura cubana de estos años, responde:

“Cuando triunfó la revolución había en Cuba bastante prostitución. En uno de los actos simbólicos de la revolución, lo primero que se hizo fue cerrar todos los prostíbulos y convertir a las prostitutas de un día para otro en costureras. Crearon fábricas pequeñas con máquinas de coser, y las enseñaron a usarlas. Esta fue siempre una de las banderas de la revolución: en Cuba no hay prostitutas. Y nos daban ejemplos de los países latinoamericanos, en donde había tantas mujeres prostituyéndose. Pero en los ochenta, comienzan a llenarse las calles de La Habana de prostitutas”. Fueron los años del derrumbe del campo socialista en el mundo, que representó para Cuba la pérdida de subsidios, y la crisis. “Se cayó la máscara que teníamos puesta. Se vieron los hospitales sin medicina, los almacenes sin comida, sin electricidad, sin agua, sin petróleo, la gente empezó a morirse de enfermedades curables. Regresamos a esa Latinoamérica que habíamos sido antes”.

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Luis González – Foto de A Armenta

Aunque los cuentos que componen Gajes del Oficio no se meten en general con temas de la actualidad política cubana, denotan la posición crítica de su autor al régimen imperante. Sin embargo, dice: “Yo no quiero hacer carrera de escritor político. No quiero que la política sea el centro de mi literatura. Cuando escribo sobre Cuba y sobre cubanos y su realidad, trato de ver las cosas más globalmente. Mis historias le pueden pasar a cualquiera, en cualquier parte. No hago a un lado la política, trato de ponerla en su lugar justo. No se puede convertir la política en una obsesión. Otros escritores cubanos han convertido el tema en bandera y hacen literatura sobre el desastre. Yo escribo sobre el desastre, pero no intento hacer literatura sobre el desastre cubano. Lo que me interesa es escribir historias poco comunes de gente común. Porque nosotros, la gente común, estamos llenos de historias interesantes”.

Cuando nos despedimos, me indica su laptop. Lo lleva a todas partes a donde va. “Si me viene una idea, me siento y la escribo, eso me puede pasar yendo en el bus, caminando, sentado en un café, en cualquier parte.

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