El ‘Campo Amazónico’ de Antony Gormley es un lamento por el Amazonas

Las cumbres del clima, arte y ecología

Entre 1991 y 2003, el escultor británico Antony Gormley creó cinco enormes instalaciones llamadas Fields (Campos) compuestas de miles y miles de figuritas de arcilla como las de esta imagen, puestas en cinco diferentes espacios. En estos días se puede ver en Voorlinden, un precioso museo de arte contemporáneo en Holanda, uno de estos campos, el que se titula, Amazonian Field (1992). La historia detrás de este curioso ‘campo amazónico’ bien vale la pena ser contada.

En 1992 se celebró en Río de Janeiro, Brasil, la primera ‘Cumbre de la Tierra‘ de Naciones Unidas. Este fue el contexto en el que Antony Gormley creó su Campo Amazónico, como una obra de arte que debía contribuir a “la concientización de la problemática ambiental”.

Antony Gormley, Amazonian Field, 1992, terracota – Voorlinde, foto de A Armenta

Las 24.000 figuritas de arcilla que componen esta instalación de Gormley fueron hechas en la selva amazónica por un grupo de jóvenes de las favelas de la ciudad de Porto Velho. Según leo en el folleto del museo, “cada joven agarraba un puñado de arcilla proveniente de las riberas del río Madeira, debía amasarlo dándole una forma ovalada, luego la apretaba para formar un cuello y una cabeza sobre un cuerpo, y luego le pinchaba dos ojos con un lápiz”. De modo que las figuras no están hecha con un molde sino que cada una es única. Y aunque se parezcan mucho, cada una es distinta y recuerda a su propio creador. Tal como el Dios de la Biblia creara con arcilla a Adán, el primer hombre.

En este vídeo, Gormley dice que el momento de hacer los ojos es importante, porque es el momento en el que la arcilla adquiere conciencia.

Pararse delante de la puerta grande de la sala en la que está la obra en el Voorlinde produce un efecto extraño. Las figuras son pequeñas, apenas se levantan unos centímetros del suelo, pero al estar frente a ellas sientes que la mirada de esos miles de ojos te atraviesa. Y a pesar de que los ojos son huecos, tienen una mirada que parece interrogarte, ¿qué es lo que quieren? Por eso digo que el efecto es extraño, uno no sabe qué pensar en primera instancia frente a esas miles de figuras hacinadas en un espacio enorme y neutral, que amenazan avanzar hacia la salida mientras sus ojos profundos cuestionan insistentemente al espectador.

Volviendo a los orígenes de la obra: para la mencionada conferencia de Río de 1992, el Goethe Institute de Alemania invitó a 25 artistas internacionales a crear obras que generaran conciencia sobre la amenaza al medio ambiente. En esos años ya era palpable el efecto de la quema y la deforestación de los bosques amazónicos “para dar paso al desarrollo”, como se viene repitiendo desde entonces para justificar las intervenciones industriales en la selva. Treinta años más tarde, ese ‘desarrollo’ que ha dejado la riqueza en pocas manos, solo ha traído contaminación, pérdida de la naturaleza y destrucción de las culturas indígenas de la selva.

Antes de la conferencia de 1992 solo se había celebrado otra del mismo carácter, en Estocolmo en 1972; Es inevitable preguntarse, ¿por qué las naciones debieron esperar veinte años para poner en marcha el mecanismo conocido como las cumbres sobre el cambio climático que se vienen celebrando desde 1995? Y otra pregunta: ¿qué se ha ganado en estos 27 años de conferencias internacionales sobre el bienestar de la Tierra? En noviembre de este año tendrá lugar en Egipto la próxima conferencia (COP27), un evento que cada vez recibe más atención mediática, con lo cual se podría decir que aunque es verdad que seguimos destruyendo el mundo cada vez más intensamente, también es cierto que hemos ido ganando poco a poco conciencia sobre el problema.

Obras de arte como ésta de Gormley no dejan indiferente a la espectadora. Generan un cierto malestar, una inquietud. Esto podría entenderse también como el comienzo de una ‘concientización’. Hoy hay muchos artistas trabajando su arte con una preocupación ecológica, con la intención, deliberada o no, de conmover al público que se enfrenta a sus obras. El ‘campo amazónico’ de Gormley conmueve profundamente.

El Amazonas se ha convertido en la conciencia del mundo, dice Gormley en algún momento del vídeo, que fue realizado en 1992. Y dice más adelante, que esta selva es el foco de los sentimientos sobre el futuro ecológico del mundo… te interroga sobre la población y cómo ésta está conectada o no con la tierra. Hoy, cuando la devastación de la selva amazónica ha alcanzado niveles inimaginables hace treinta años, las miradas interrogantes de los hombrecillos de arcilla de Gormley tienen más actualidad que nunca.

Imagen de downtoearth.org.in – datos de 2021

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