Crímenes y Culpa

Dos libros de Ferdinand von Schirach, el nieto del nazi.

Nadie tiene la culpa de tener un abuelo o un padre nazi. Pero si algo aprendió pronto en su vida profesional el abogado penalista berlinés, Ferdinand von Schirach (1964), nieto del jefe de las Juventudes Hitlerianas, Baldur von Schirach, es que la culpabilidad es un asunto complicado. Un día decidió ponerse a escribir relatos basados en algunos de los casos más tremendos que llegaron a su oficina de abogado defensor. Con mucho éxito, porque los libros que han salido desde entonces de su pluma han sido muy bien recibidos por la crítica, han estado en Alemania entre los más vendidos, y se han traducido a numerosas lenguas. En español existen hasta el momento, dos volúmenes de relatos: Crímenes (Verbrechen, 2009) y Culpa (Schuld, 2010); y la novela, El caso Collini (Der Fall Collini, 2011), que comienza con el asesinato de un industrial importante con un oscuro pasado.

Es muy posible que parte del encanto de los libros de von Schirach tiene que ver con el hecho de que el lector sabe que están inspirados en personajes y situaciones de la realidad. Asesinos, traficantes de drogas, prostitutas, ladrones de bancos. Llama la atención que muchas de las historias tratan de mujeres abusadas, jóvenes violadas. No es ficción, los agresores pueden ser tus vecinos. Porque el arte de este autor está precisamente en que logra mostrarlos como seres humanos comunes y corrientes, arrastrados por las circunstancias al crimen, y al destino que ahora afrontan. Como dice en el prefacio, vivimos sobre una finísima capa de hielo, debajo hace mucho frío y la muerte es rápida; el hielo que soporta a algunos se resquebraja con otros. Este es el momento que destacan sus cuentos, cuando el hielo se resquebraja.

Además, von Schirach escribe con un estilo conciso -no muy típico alemán, valga decir- sin rodeos, y esto es algo que atrapa desde las primeras líneas. Su deseo de llevar a la literatura los casos de esta gente tiene no solo que ver con ellos mismos, sino con la necesidad del abogado defensor de explicarse. Explicar por qué puede ser a veces moralmente permisible absolver a un culpable. Cuando el castigo puede ser peor que el crimen. O cuando el crimen, por horrendo que sea, tiene una explicación humana. Von Schirach nos cuenta sobre su tío, un juez con la reputación de tener un buen sentido de la justicia, que un día se suicidó disparándose la cabeza con su escopeta de caza. La carta que dejó comienza refiriéndose a la culpa, un sentimiento problemático.

Como buen abogado, en cada uno de los casos narrados en Crímenes y en Culpa, al autor le interesa destacar sobre todo la verdad judicial. Qué pasó verdaderamente. Para esto, expone los hechos de manera cruda. En uno de estos, Friedhelm Fähner, un hombre correcto, médico, respetado por la comunidad, de buena posición económica, sin ningún tipo de delito en su hoja judicial, a los 72 años asesina a su esposa de toda la vida a golpes de hacha. Diecisiete hachazos que dejaron el cuerpo de la mujer despedazado. No hay duda de que Fähner es culpable, él mismo se entregó a la policía.

A lo largo de esta narración -y sucede lo mismo con todas- el autor no juzga en ningún momento al victimario. Como hemos dicho, se limita a exponer los hechos. Sin embargo, al final, al conocerse el veredicto, podemos imaginar muy bien el proceso que ha debido desarrollarse en la cabeza del abogado que ha aceptado defender a alguien claramente culpable. La verdad no es siempre lo que parece. Un buen abogado defensor busca las razones que impulsan a una persona a cometer en algún momento un crimen atroz, como el de Fähner.

Para el abogado von Schirach la justicia no es estándar, no siempre se imparte siguiendo al pie de la letra lo que dicen los códigos penales. Esto es algo que aprende con la experiencia un abogado defensor. Si bien la ley estipula un número de años de prisión para un asesino, no todos los asesinatos son iguales, no se producen en las mismas circunstancias, ni todos los asesinos tienen la misma personalidad. En la Edad Media, recuerda, si robabas una manzana te cortaban un brazo, sin importar si la robabas porque tenías hambre o para revenderla. Hoy, los jueces y abogados tienen la posibilidad de condenar o absolver teniendo en cuenta otras variables. Las que hicieron que, a pesar de lo horrendo de su crimen, el señor Fähner solo recibiera una pena irrisoria. Los lectores no podíamos estar más de acuerdo.

Ferdinand von Schirach

Lo que caracteriza a las once historias del volumen Crímenes es que el abogado narrador tiene claro que una fuerte condena a sus defendidos, a pesar de su evidente culpabilidad, comportaría una gran injusticia. Ha sido bueno ayudar a esa gente. En los quince casos tratados en Culpa, en cambio, la absolución de los defendidos le deja un amargo sabor en la boca. En la mayoría de los casos, se merecían el castigo. Y sin embargo, ¿no habría sido a la larga la condena la peor de las salidas? De nuevo, la culpabilidad es un sentimiento complejo.

Una de las historias de Culpa, nos dice, le resultó particularmente dolorosa. Y no es difícil imaginar por qué. En una fiesta de pueblo, un día de agosto en el que hizo mucho calor, los ocho miembros que componían la banda musical amateur de la localidad, todos ellos hombres de mediana edad, respetables ciudadanos, padres de familia, etc., violan a una muchacha de dieciséis años, la golpean hasta quebrarle un brazo, dos costillas y la nariz, y al final se orinan sobre ella y la abandonan ensangrentada en el suelo. La explicación: los efectos del calor y del alcohol transformaron súbitamente a este grupo de hombres ‘decentes’ en verdaderos depredadores.

Cuando aceptó defender a uno de esos hombres, von Schirach era todavía un joven abogado deseoso de demostrar sus habilidades de defensor. Algo que saben bien los defensores es que, en un juicio, el defendido no tiene que probar su inocencia, es el fiscal quien debe proveer las pruebas que aseguran que es responsable. Estos hombres contaron a su favor con el hecho de que estaban disfrazados y que llevaban peluca, de modo que la joven no pudo identificarlos con certeza. Además, al final del acto, uno de ellos llamó a la policía para denunciar el delito. ¿Cuál de ellos? Nunca se supo claramente. Cualquiera de ellos pudo ser. Gracias a esta duda y a la debilidad de las pruebas en su contra, todos salieron absueltos. Y seguramente, gracias también a que la joven no tuvo un buen abogado. A la salida del tribunal, von Schirach se cruzó con el padre de la víctima. Tenía lágrimas en los ojos. Años más tarde el abogado comprendería que aquel día perdió su inocencia. Y que el sentimiento de culpa puede ser más asertivo que la ley.

Culpa recibió en 2010 el Premio Kleist de literatura en Alemania.

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