Lecturas felices – A propósito de ‘Berta Isla’, de Javier Marías

berta-isla-810x456_cYo sé que un libro me gusta mucho, muchísimo, cuando, mientras lo estoy leyendo, me digo, no quiero que este libro se acabe todavía. No por ahora. Quiero que siga y siga indefinidamente. Que queden todavía muchas páginas por leer. No me sucede con frecuencia. Ni siquiera me sucede una vez al año. Este año me acaba de suceder leyendo Berta Isla, la última novela de Javier Marías.

Marías ha dicho que esta no es una aventura de espías. Estoy de acuerdo, no lo es, aunque uno de los dos personajes principales sea un espía. No lo es porque, ni siquiera por un momento, los lectores llegamos a enterarnos de nada sobre las cosas horribles que hace el agente secreto Thomas Nevinson al servicio del MI5 o del MI6 (las agencias de inteligencia militar británicas) en los diferentes lugares del mundo en donde supuestamente lo mandan en misión. Los lectores no nos enteramos de nada del mismo modo que Berta Isla lo ignora todo sobre los trabajos de su hermético marido. Nevinson es el perfecto anti Smiley, el héroe de Le Carré. Mientras de este último lo sabemos todo de su inescrupuloso trabajo altamente confidencial, y nada (casi, o apenas de refilón) de su vida civil, se nos ahorra el quehacer sucio y misterioso de Thomas Nevinson, y en cambio lo sabemos todo de su vida privada.

El mundo de los espías transcurre en una dimensión apenas sugerida por el autor, nunca explicitada. El autor da por sentado los conocimientos del lector en materia de infiltrados, y toda clase de agentes secretos, y a veces, para que nos hagamos una idea, nos hace sugerencias, como lo que se lee en las novelas de Fleming o Le Carre, “como todo el que ha leído novelas o visto películas de James Bond”.

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Imagen de: www.todoliteratura.es/

El tono y el contenido de la novela se resume ya en la primera frase del libro, “Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido”. La trama es en apariencia simple. Berta se casa con el novio de su infancia, pero pronto descubre que éste no es el que era. Su matrimonio será una suma de ausencias, los frecuentes e inexplicables viajes de Tomás/Thomas, hasta el día en que simplemente no vuelve más de su última misión. Aquí se ve confrontada a las opciones de darlo, como todos lo dan, por muerto, declararse viuda, o seguir esperándolo.

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Penélope tejiendo – Imagen sacada del Blog Stoa Poikile

Berta se convierte en una moderna Penélope, de finales del siglo xx, la mujer que espera al hombre que se fue al mundo a vivir aventuras dejándola a ella en casa viviendo su vida cotidiana. Digo ‘moderna’, porque mientras la Penélope griega desteje todas las noches lo que teje en el día, y el suyo es un trabajo que solo sirve para justificar la espera, Berta construye todo un tejido de razonamientos alrededor de todo lo que no sabe pero imagina, todo lo que supone sobre el trabajo secreto de su esposo. Y al construirlo, lo juzga, se pronuncia, lo enjuicia. Es este extenso y profundo razonamiento de Berta lo que constituye el eje de este libro. Esta es la parte fascinante, lo que tanto apasiona en su lectura, las elaboraciones mentales de Berta ante las (posibles) acciones censurables que realiza su marido. Es Berta y no Thomas Nevinson la figura clave de este libro. El peso de la novela está puesto en ella. No por nada el título lleva su nombre.

A Tomás le corresponde la parte anecdótica de la novela, a Berta la parte razonada, la elaboración mental a partir de lo que, con un mínimo de información real (su marido es un agente secreto) debe suponer, imaginar, fantasear, soñar, figurarse, para sacar sus propias conclusiones. Mientras ella tenía un mundo completo, casi, solo le faltaba el marido, ella era la única verdad que él tenía. Si hay un elemento pasivo aquí, es el hombre, no la mujer. Por eso algunos han dicho que esta es una novela feminista. La verdadera víctima es él. Al igual que Ulises, Tom es manipulado por los dioses, es víctima del entramado que le montan sus superiores que son tan invisibles y poderosos como los dioses de Ulises. A ella le correspondió el rol de observadora, la que reflexiona.

Alguien publicó un reseña sugiriendo que Berta es una Penélope más de la literatura, “una excusa para hablar de un hombre”. Yo diría más bien que Berta es una excusa para hablar de muchos temas. Todos esos temas con los que se mete este libro, la filosofía, la historia, la literatura, la ética, la política, la guerra y la paz, la levedad de la vida y la inexorable muerte. Y la poesía, claro. El polvo suspendido en el aire señala el lugar en el que terminó una historia. Esos versos de T.S. que se vuelven tema recurrente, un leitmotiv a lo largo de la obra.

Esta es una novela de ‘espera e incertidumbre’, cargada con una atmósfera de película thriller en blanco y negro. Desde el principio la novela destila tristeza, nostalgia, una no deseada resignación. La tristeza con la que el padre de Thomas se resigna a que ya no volverá a ver a su hijo, a pesar de que sabe, dice saber, que está vivo en algún lugar del mundo. La doble vida miserable de Thomas, en la que lo más cierto es la simulación, el destierro, la falsedad, la traición, la mentira. Se mueve en un mundo en el que su existencia es una no-existencia.

Muchos de los temas –como el de la espera y el regreso– no son nuevos en Marías, ya los ha tratado a fondo en libros como Tu rostro mañana, Los Enamoramientos, y otros más. Pero yo me atrevería a decir que en Berta Isla, estos temas quedan ahora redondeados. Que en las obras anteriores estuvo dando pinceladas sobre el tema y que en ésta, ha completado verdaderamente el cuadro.

La vida es un estar y un esperar. Esta es también una idea presente de comienzo a fin, que marca el tono inquietante de esta novela compleja. Estar y esperar hasta que pase algo mientras no pasa nada.

Botero
Botero

Ya he dicho que he leído este libro deseando que se alargara. Con libros así, cuando veo que se está aproximando su final siento una especie de nostalgia parecida a la que se siente cuando estamos próximos a despedirnos de gente que queremos mucho, porque ya se tienen que ir, pero ha sido tan grato estar con ellos que no queremos que se vayan. Hay novelas, como ésta, en las que la cercanía de sus personajes, sus vidas, sus pensamientos, sus ideas, sus anécdotas, nos hacen encariñarnos con ellos al punto de que no queremos despedirnos. Los echaremos de menos, no sabremos nada más de ellos. No sabremos qué pasó después.

 

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