Un futuro trans

Transclimático, transexual, transhumano

Foto de Lucas Benjamin, en Unsplash

Vivimos en una época de cambios. Quiero decir, de grandes cambios. Porque las cosas siempre han cambiado, el mundo se ha estado transformando continuamente. La diferencia puede ser que hoy esas transformaciones se producen a un paso mucho más acelerado. Cada vez más gente cambia de sexo. Se prevé que dentro de relativamente poco tiempo el ser humano cambiará de humano a post-humano. Y qué decir del cambio climático: en materia ambiental, en las últimas siete décadas han sucedido en el planeta cosas no vistas durante milenios.

Estos cambios no nos dejan imperturbables. Hacen parte de los grandes debates de nuestro tiempo. No siempre con la urgencia que merecen, como en el caso del clima. Cuando la casa está en llamas (como dice, con razón, Greta), cualquier otra preocupación debería pasar a segundo plano para concentrarnos en apagar el fuego. No lo estamos haciendo. Mientras el incendio amenaza con extenderse a las otras habitaciones nosotros estamos más pendientes de los escándalos sexuales y amorosos de los artistas de Hollywood, o de la vida íntima de los políticos y las princesas. Un poco como en la película Don’t look up.

El tema del clima tiene un problema y es que al público le resulta aburrido. Porque a la gente lo que más le gusta es hablar y enterarse de cosas de otra gente. Y el clima tiene que ver con inundaciones, incendios de bosques, huracanes, extinciones. Y claro, muere gente, pero las verdaderas protagonistas son las catástrofes, las desgracias. Cosas no muy aptas para el chismorreo, esa actividad tan humana.

Hermafrodita

Otra cosa sucede con el transexualismo. Últimamente se ha disparado en muchas partes el debate sobre la transexualidad. El asunto es que, hasta hace, digamos, un cuarto de siglo, la mayoría de la gente se identificaba con uno de los dos sexos: o eras mujer o eras hombre. Así se rellenaban las casillas de los formularios en la sección correspondiente al género. Podías ser lesbiana o homosexual, pero entrabas dentro de las categorías ‘femenina’ y ‘masculina’ respectivamente. Nacías, crecías y morías como mujer o como hombre, aunque no siempre te gustara. Y había una pequeñísima parte de la población a la que se le atribuía un tercer sexo, algo que se asumía como una especie de ‘desviación genética’ —un buen ejemplo de esto lo ofrece la maravillosa novela de Jeffrey Eugenides, Middelsex, 2002. Los del tercer sexo son las personas que nacen con una doble genitalidad, y se les considera como ‘intersexuales’. Lo que también se llamaba ‘hermafrodita’, por el famoso hijo (o hija, según como se le mire) de Hermes y Afrodita que nació con los dos sexos. Se dice que en países como la India o Nepal este tercer sexo se ha reconocido desde tiempos inmemoriales.

De modo que siempre ha habido tres sexos, siendo el tercero tan minoritario que no ha sido tema de preocupación para la sociedad en su conjunto.

Pero existe otra categoría, de la que antes no se hablaba, la ‘transexual’, en la que una persona tiene todas las características biológicas de uno de los sexos pero no se siente psicológicamente identificado con éste. Mujeres que se sienten hombre, y hombres que se sienten mujer, y viven su vida cargando con este drama de manera más o menos callada.

Foto de Jorge Saavedra, Unsplash

La transexualidad ha estado presente desde siempre en la historia de la humanidad, sin embargo casi no se hablaba de ella. Persistía el estigma religioso y (hasta hace poco) de la ciencia médica que insistía en desconocer el problema de esa gente atribuyéndolo a razones psicológicas. Los transexuales eran considerados enfermos mentales, por eso se los mandaba a los manicomios.

Hoy, al menos en el mundo occidental, eso está visto como incorrecto. El movimiento LGTBI (la letra T designa a los transexuales) ha ido ganando rápidamente espacio y visibilidad en una sociedad dispuesta a reconocer los derechos de cada uno y la libertad de optar sin estigma por cualquier preferencia sexual.

No tengo la menor idea de qué porcentaje de la población mundial es transexual. Sin embargo, por la actualidad que tiene este tema hoy en las noticias, parece que incluye a mucha más gente de la que uno se imagina. Las solicitudes de cambio de sexo se han disparado, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Esto ha generado un gran debate que se expresa casi a diario en las secciones de opinión y en reportajes de prensa en los que individuos narran sus propias experiencias como transexuales. Pero, ¿por qué ha ganado este tema tanta actualidad? ¿Qué condiciones hay ahora que no existían antes? La respuesta a esto puede estar en la tecnología, en los avances en la cirugía de reasignación de género. Hoy una persona trans sabe que se puede someter a una de estas cirugías sin los riesgos que había antes con este tipo de operaciones, y con la seguridad de que todo va a ir bien.

El historiador israelí, Yuval Harari, se pregunta si no hará esta tendencia trans parte de una transformación más radical que se avecina, el transhumanismo, el proceso por el cual los humanos serán cada vez menos humanos y cada vez más parecidos a los robots. “… los debates del futuro versarán sobre lo que podemos hacer con el cuerpo y el cerebro humanos; cómo podemos rediseñarlos, cómo podemos modificarlos. La primera realidad práctica a la que nos hemos topado con estos interrogantes es el género… este es el primer debate sobre el transhumanismo”.

La ciencia y la tecnología han demostrado que hay muchas cosas que se pueden cambiar en el cuerpo. Que el cuerpo con el que venimos naciendo desde hace cientos de miles de años es transformable. La tecnología permite el mejoramiento de las capacidades biológicas. El coste es que dejaremos de ser humanos en el sentido tradicional de la palabra para convertirnos en posthumanos (transhumanos): seres biológicamente ‘corregidos’, así pues, más inteligentes, más sanos física y psicológicamente, y con una vida más larga. De este modo estaremos cumpliendo uno de los anhelos más íntimos de la naturaleza humana desde los comienzos de los tiempos: parecernos a los dioses.

Solamente como posthumanos podremos enfrentar el riesgo de que la Inteligencia Artificial (los robots) nos tome la delantera. Y solamente como posthumanos podremos considerar las perspectivas de una colonización espacial, algo imposible para los simplemente humanos de hoy, porque los viajes son demasiado largos y nuestra actual biología no es apta para ellos. Los posthumanos van a tener probablemente más posibilidades de sobrevivir el cambio climático, el deterioro de la naturaleza, la extinción de las especies, y con suerte, emigrar a uno de esos exoplanetas que hoy se buscan en el universo, abandonando una Tierra estropeada e invivible. Pero esto es ya del dominio de la ciencia ficción, aunque algunos digan que está a la vuelta de la esquina.

El futuro es trans. Mientras tanto estamos en la fase de la transformación de género. Una transformación que se produce porque es posible. Hace poco leí que en alguna parte montaron una versión de la Traviata de Verdi en la que Violeta no muere de tuberculosis sino por los problemas de la operación de cambio de sexo. Ahora que la transexualidad se está volviendo tan normal, ¿no será ya hora de que se escriban nuevas óperas con personajes trans y sus propios conflictos, y dejar que Violeta se siga muriendo de tuberculosis como sucedía en el siglo XIX?

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