Música con mensaje ecológico

¿Puede la música expresar la preocupación por el cambio climático?

Foto de Providence Doucet, Unsplash —

¿Qué tendría la Cuarta Sinfonía de Dmitri Shostakovich que tanto le molestaba a Stalin? Al punto de que, en diciembre de 1936, el compositor canceló su estreno por temor a posibles represalias del régimen. ¿Sería porque los sonidos resultaban demasiado abstractos para el ambiente imperante del realismo socialista? ¿O acaso Shostakovich habría utilizado aires musicales con supuestas remembranzas burguesas, occidentales, claramente anticomunistas?

Quién sabe. Lo único seguro es que, cualquiera que escuche esta pieza sin tener ningún conocimiento sobre el contexto histórico-político en el que fue creada, se limitará a disfrutar de la majestuosidad de la obra, sin percibir la menor señal ideológica que identifique a su autor como un traidor a la causa socialista de su país o algo por el estilo. La música de Shostakovich tenía tanto éxito en el occidente capitalista que esto no podía resultarle sino sospechoso al estalinismo.

Las atribuciones políticas a la música —me refiero a la música instrumental, sinfonías, cuartetos de cuerdas— son subjetivas. Los individuos y las sociedades nos empeñamos a veces en atribuirle a ésta, la más etérea de las artes, la más volátil, contenidos pesados circunstanciales para situarla en el ángulo ideológico que se quiera. Lo que sí sucede cuando la música introduce textos, incluso textos tan sutiles como un poema de amor. Porque mientras las notas musicales son aéreas, las palabras pesan más de lo que parece.

Imagen de Ricardo Gómez Angel, Unsplash

Estuve pensando en esto hace unos días cuando escuché la pieza Doubt (Duda), de la compositora estadounidense, Yvette Janine Jackson. Es una composición de 15 minutos para clarinete bajo, violonchelo, flauta, contrabajo y unos sonidos pregrabados. El colectivo Artivism4Earth (Artivismo para la Tierra) le encargó a Jackson la obra con motivo del Día de la Tierra. El propósito de los artivistas es llamar la atención, por medio de las diferentes formas artísticas, sobre los problemas asociados al cambio climático, contaminación, calentamiento, extinción de especies, etc. Doubt es el resultado de una colaboración entre la compositora y Naomi Oreskes, una historiadora de la ciencia que en 2010 publicó junto con otro historiador el libro, Merchants of Doubts, sobre la negación del cambio climático. De modo que la composición musical de Jackson, como su título lo indica, expresaría de manera crítica la posición de los negacionistas del calentamiento del planeta, los comerciantes de la duda, los que de algún modo se benefician con que no se haga nada para detener el calentamiento. Los sonidos de los cuatro instrumentos y la cinta hablan por ellos.

¿Cómo suena la “duda”?, se pregunta el comentarista de un artículo sobre Doubt. Y responde que, “… tiene la insistencia grave y sombría del clarinete bajo, la flauta deslizante que aumenta la ansiedad, el violonchelo sonoro para mantener las cosas juntas y el retumbar profundo y dudoso del contrabajo”.

Por si algún lector tiene curiosidad de saber cómo suena la duda sobre el calentamiento global, aquí les pego el vídeo con la interpretación de la pieza:

Yo no sé qué piensen quienes lean esto, pero a mí esta música me suena muy bien. Con lo cual, esas figuras nefastas que son los negacionistas han quedado traducidos en encantadores sonidos, pues observen nada más qué placentero resulta escuchar ese “retumbar profundo y dudoso del contrabajo”. Aunque este contrabajo supuestamente exprese las opiniones de un político o un científico escéptico sobre el clima. Todo es posible. Después de todo, en una ópera como Rigoletto, las arias más hermosas son las que canta el malvado duque de Mantua.

Si escuchamos Doubt sin tener ningún conocimiento sobre los antecedentes de su creación, jamás la hubiéramos asociado a una protesta para llamar la atención sobre la crisis del clima. Solo sabemos que es una protesta porque su compositora lo ha dicho. Cuando los músicos tocan sus instrumentos no oímos la protesta. Pero eso no importa, porque lo que cuenta es la intención de la artivista, aunque esté claro que el mensaje ecológico deba ser expresado al margen de la música misma. Así como Stalin no podía oír el anticomunismo en la Cuarta Sinfonía, solo lo suponía, y se lo creía.

En medio de la crisis ambiental que vivimos hasta los artistas más abstractos, como son los músicos, sienten la necesidad de expresar su preocupación a través de sus obras. Como he dicho en una entrada anterior en este blog, un mensaje artístico puede llegar de manera más efectiva al público que un informe técnico especializado sobre el cambio climático. Incluso si nos toca imaginar la ansiedad en los sonidos de una flauta.

2 comentarios

  1. Querida Lari, ante todo, gracias por tu comentario, con el que coincido completamente. Los sonidos de esta pieza sugieren fuertes emociones. Me gusta la idea del bosque que señalas.
    Quién sabe cuánto más va a esperar la comunidad humana para tomarse en serio el tema de la degradación del medio ambiente. Los partidos políticos lo politizan, como si los problemas del cambio climático y todos los relacionados pudieran ser de izquierda o de derecha. Esta crisis no tiene color político, es una realidad que dejamos en herencia a las próximas generaciones. Un abrazo.

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  2. Hola Amiraca, siendo objetiva y no antes haber escuchado esta pieza «Doubt» pero ya conociendo su trasfondo, me parece y cerrando los ojos para escucharla desde el interior, un lamento, un grito de SOS, me transporta a un bosque en donde encuentro todos los elementos y me gritan con desesperación que reaccionemos ante la malsana actuación del ser humano con el medio ambiente. Igualmente, si no hubiese conocido la intención de la pieza, realmente suena a un quejido o lamento.
    Felicitaciones amiga por ése artículo, es un aporte a la campaña que debemos mantener de una forma u otra y de acuerdo a las capacidades de cada quien.

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