Nuestra basura plástica de todos los días

Foto de Nick Fewings, Unsplash —

Después de haber pasado cinco años en Berlín separando religiosamente el plástico de los otros desechos, regreso a vivir a Ámsterdam para encontrarme con que en esta ciudad ya no se separa esta basura. No se imaginan lo difícil que es romper con un hábito de un lustro y empezar de nuevo a tirar en el balde de la cocina, junto con las cáscaras de naranja y de banano, las cortezas de zanahorias, papas y restos de comida, los envoltorios plásticos del queso y el montón de polietileno en el que vienen envueltas las verduras que se compran en el supermercado. Nada más la visión de esta heterogénea mescolanza de desperdicios, visión escabrosa, me hace sentir que estoy cometiendo un delito.

Separar el plástico de los desechos biológicos tiene la función de darle al ciudadano un sentimiento de bienestar. Conscientes de la contaminación que genera el plástico en el ambiente, al separarlo cotidianamente en nuestras casas sentimos que estamos haciendo algo bueno, algo en bien del planeta y de la humanidad. Nunca (o casi nunca) nos ponemos a pensar en qué pasa después con esa pila de basura plástica que introducimos educadamente en el contenedor correspondiente. Nos decimos que ‘ellos’, una figura abstracta que representan las autoridades, seguramente dispondrán de esos residuos de la mejor manera. Los reciclarán. De alguna manera los reutilizarán. Nos imaginamos lo mejor, y esto nos permite seguir felices, despreocupados, consumiendo cotidianamente quilos de plástico en total impunidad. El consumidor de las ciudades más ‘civilizadas’ de Europa prefiere seguir ignorando que el reciclaje del plástico es más una ilusión que una realidad. Pero esa es otra historia.

A lo largo de los últimos años, las ciudades han venido educando a sus habitantes para que sean conscientes de la basura que producen, la diferencien, y la depositen en el contenedor indicado. Según me entero por la prensa, siete años ha durado esta política en Ámsterdam, una ciudad que instaló entonces en muchos de sus barrios unos sofisticados y ultra eficientes containers anaranjados subterráneos, capaces de recibir y comprimir enormes cantidades de plástico. Y durante todos esos años la gente se acostumbró, mal o bien, a separarlo del resto de la basura.

He escrito “mal o bien” queriendo hacer notar que la cosa ha ido más bien mal que bien. Razón por la cual la ciudad decidió parar la separación a partir del primero de enero de este año. Los containers anaranjados pronto desaparecerán de las calles. Pero, ¿por qué?

Instalación separadora de basura en Ámsterdam

Según el municipio: porque el procesador de residuos es capaz de separar la basura mejor y de manera más eficiente que la gente. Estas instalaciones funcionan tan bien que no vale la pena seguir contando con la buena voluntad de los ciudadanos. Estos no saben, por ejemplo, como sí lo ‘sabe’ la instalación procesadora, que hay plástico bueno y plástico malo. Dentro de este último están las bolsas de chips, las cápsulas de café (como las que usan las máquinas tipo Nespresso), los juguetes y utensilios plásticos y todo los empaques en donde hayan quedado restos de comida, además de todos los recipientes de tipo PET (como los de las imágenes aquí abajo) donde se envasan por lo general, la carne, el pescado, las frutas, y las verduras. Todo esto, que no es poca cosa, no es reciclable en lo absoluto. De modo que al menos la mitad del contenido de los containers anaranjados terminaba de todos modos en los incineradores. Que es, al final, en donde termina casi todo el plástico desechable de Ámsterdam. También el de Berlín, a pesar de estar tan bien separado.

Desacostumbrarme a la separación del plástico me está costando. No solo porque la comodidad de ponerlo todo en el mismo cubo me revive los sentimientos de culpa que me absolvía la separación de los desperdicios, sino porque ahora éste se llena rápidamente, ya que el mayor volumen de desechos va por cuenta del plástico en el que los supermercados lo envuelven todo. ¡¿Por qué el Albert Heijn tiene que plastificar los pimientos?!

Al final siempre terminamos acostumbrándonos hasta las cosas más absurdas. Quizá hasta deje de pensar con inquietud en nuestro plástico de todos los días porque ahora se neutralizará entre las cáscaras de naranja, las flores marchitas, los restos de pasta y las patas de pollo de la última comida. Quizá hasta termine alegrándome de que la instalación procesadora de basura de la ciudad haga su trabajo y nos libere de una carga doméstica.

2 comentarios

  1. Vivimos en una sociedad del desperdicio.
    En realidad, todo el plástico es ‘malo’, aunque hay algunos peores.
    Sí, conocía el fenómeno de los ‘cartoneros’ en Argentina. Es una lástima que lo hayan desmontado.
    Hay que hacer como tú, ir a los mecados populares, además todo es más barato y se apoya al productor local.
    Sí, por favor, sube esa entrada que comentas, me gustaría ver esa imagen. Y es cierto, el plástico no se degrada nunca. Esa es la desgracia.
    Gracias por tu comentario. Un abrazo.

    Me gusta

  2. Una situación muy triste la que nos compartes, Amira. En lo personal desconocía la diferencia entre plásticos “buenos” y plásticos “malos”. Supongo que debe haber una solución a todo esto, la cuestión es de si los gobiernos e instituciones privadas quieren hacerlo (soy muy pesimista al respecto; creo que si algo no rinde dividendos de manera rápida, eficaz y, sobre todo, en un volumen importante, no es tenido en cuenta).
    E mi ciudad natal, allí en el sur de América; se había establecido una planta de reciclaje modelo, la cual ayudaba, también a familias humildes (los llamados “cartoneros”; esos que, ante la falta de trabajo se dedicaban a recorrer la ciudad en busca de papel y cartón para vender). Hace un par de años, cuando fuimos con mi esposa de visita, al pasar por aquel lugar quise señalarle, con un poquito de orgullo tal vez, aquella planta ecológica y social y con tristeza vi que estaba abandonada. Quien conducía el auto nos explicó las “razones” que se esgrimieron para ello, las cuales no eran, ni una sola, válidas.
    Luego, lo de los supermercados es ridículo. Yo sigo enamorado de los mercados populares mexicanos. Sigues yendo a ellos y las frutas y verduras están allí, como siempre, en prolijas pilas o en sus cajones de madera reutilizables. Compras, lo metes en tu bolsa y listo, eso es todo. ¿Tan difícil es?

    Un abrazo.

    P.S.. Por cierto, como sabes, voy juntando material de aquí y de allí y luego, en algún momento, lo subo al blog (de allí que el subtítulo de mi blog sea “Lo que hoy tenga en mente, mañana no sé”; con eso justifico mi caos interior) y tengo por allí una foto que habla de este mismo tema. En la foto una mujer sostiene un cartón en el que ha escrito “Every bit of plastic ever made still exists somewhere”. Aunque es obvio, nunca lo había pensado así. Supongo que en algún momento de las próximas dos semanas subiré esa entrada.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .