Berlín en tiempos de coronavirus (I)

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Foto de Clemens Kreuer (Unsplash)

Cuídense, me dijo la vecina del cuarto piso cuando nos despedíamos. Nos cruzamos en la escalera porque el ascensor estaba en mantenimiento, y tuvimos una pequeña charla sobre, claro, el único tema del que se habla por estos días. Eso fue el viernes pasado. Ese día las autoridades de Berlín dieron la orden de cerrar colegios, guarderías y todo centro educativo. Ya los teatros, salas de concierto y centros deportivos estaban cerrados. La recomendación oficial era quedarse en casa, pero como todavía quedaban abiertos muchos espacios de distracción, la gente haría oídos sordos. Era fin de semana, y para más tentación, después de una semana de lluvias intermitentes y ventarrones, el sábado amaneció soleado en Berlín. El primer anuncio de primavera.

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Imagen del periódico Der Tagesspiegel, 14 de marzo/20

El sábado todo parecía más o menos normal. Bueno, si uno no se fijaba mucho en el gentío que se agolpaba en el supermercado acaparando todo lo que se pudiera acaparar, llenando los carritos y esperando, entretenidos con el móvil, para pagar en colas interminables. Un infierno, dijo alguien. Pero afuera todo volvía a parecer normal. Menos gente, es cierto, pero el Tranvía 1 corría como de costumbre, y allí estaba el tipo que a veces se pone con su guitarra a cantar boleros bajo el puente de la estación Schönhauser Allee.

Pero en la noche todo cambió. La nueva orden del alcalde era cerrar todos los cines, cafés, restaurantes y el montón de clubes nocturnos que hacen tan famosa la ciudad de Berlín. ¡También los clubes! ¿Qué es Berlín sin sus clubes nocturnos?, preguntaba alguien anoche por las redes sociales. Un cierre que deberá durar al menos cinco semanas. Aunque hasta ahora las cifras de contagiados por el virus en Berlín son bajas en comparación con las de otros países de Europa, y dentro de Alemania, con las de Renania del Norte-Westfalia (la provincia más contaminada del país), probablemente será cuestión de días para que la ciudad, y todo el país, siga los pasos de Italia, y de España.

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Foto de Satria Hutama (Unsplash)

Hace unos días, Angela Merkel dijo en un encuentro parlamentario que del 60 al 70% de la población de Alemania podría contraer el corona virus. En ese momento se produjo un silencio entre los participantes. Es decir, que de los 83 millones de habitantes aproximadamente que tiene Alemania, unos 55 millones estarán enfermos en algún momento. El sistema sanitario de ningún país, por muy desarrollado que sea, sería capaz de absorber este número de pacientes. El ministro de Salud, Jens Spahn, confirmó las palabras de la canciller, pero añadió también que del total de enfermos -los 55 millones- un 80% (o sea, unas 44 millones de personas -espero que las matemáticas no me estén traicionando) superará la epidemia, y muchas de estas personas ni siquiera presentarán síntomas. Lo que deja a solamente unos 10 millones de personas en problema. Pero 10 millones de personas todavía sigue siendo una cifra demasiado alta para cualquier sistema sanitario nacional.

Esta mañana leí por ahí en Twitter que anoche la policía fue de bar en bar a pedirles a los propietarios que sacaran inmediatamente a todos los clientes. Todo parece indicar que las medidas comenzarán a aplicarse más estrictamente. Sin embargo acabo de leer hace poco una entrada en Facebook en la que alguien se extraña porque el Mauer Park estaba lleno de gente como un domingo cualquiera, familias con niños, y gente de todas las edades. Desde la ventana de mi casa puedo comprobar que hay bastante gente paseándose por las aceras. Como si nada.

Se dice que los chinos son un pueblo obediente, por eso ha sido tan exitosa la estrategia de cuarentena en Wuhan. Que si los italianos fueran como los chinos y hubieran obedecido desde el principio la orden de no salir, ahora ese país no tendría tantos casos de contagio. Se cree que los alemanes también son obedientes, como los chinos. Quizás. Pero Berlín no es una ciudad muy representativa de Alemania. Y si hace sol y la primavera ya está aquí, antes de tiempo, porque los cerezos están comenzando a florecer, no va a ser fácil que los berlineses se queden en casa.

De todos modos, sin colegios, sin cines, sin cafés, sin restaurantes, sin teatro…, tarde o temprano la ciudad terminará dejándose ganar por ese ambiente desolado que se ve ya en las imágenes de las grandes ciudades de Italia. Algo que me hace pensar en el final de la película de Visconti, Muerte en Venecia, cuando la ciudad se va vaciando de gente, porque todos se van huyendo de la peste.

Berlín no está en cuarentena por el corona. Pero todo hace suponer que es cuestión de tiempo… (Continuará)

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