El nuevo viejo palacio Barberini de Potsdam

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Cola frente al museo. Foto J Eijsvoogel

Potsdam, un lunes de enero a las diez de la mañana. La temperatura es de menos cuatro grados centígrados. No ha nevado en los últimos días, pero el cielo algodonoso y plomizo augura nieve en cualquier momento. A ratos, un suave viento helado –un viento sibérico, pienso yo– nos acaricia ásperamente a las personas que hace rato nos hemos puesto a hacer la cola frente al Barberini, el nuevo museo de arte de la ciudad. Sigue leyendo

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