El síndrome de Tourette llevado al cine

A propósito de la película I Swear traducida al español como Incontrolable

Cómo sería el mundo si siempre dijéramos toda la verdad, si dijéramos sin inhibiciones las cosas vergonzosas que involuntariamente se nos pueden ocurrir sobre los otros. Por ejemplo, tenemos una entrevista de trabajo y vemos que el tipo que nos recibe tiene unas orejas tan grandes que parecen de burro, y sin ningún control se lo decimos: Señor, usted tiene cara de burro. No nos darán el trabajo, claro, pero hemos dicho lo que pensamos. Afortunadamente las personas sabemos que tenemos que callar nuestros pensamientos cuando son desagradables, no solo para no herir a los otros sino para que no nos odien.

Pero si yo pienso algo, aunque no lo diga en voz alta, de todas maneras lo he pensado. Esto fue lo que me quedó sonando después de ver la Película I Swear, del director inglés Kirk Jones, sobre el caso real de un hombre que sufre el síndrome de Tourette, una condición del sistema nervioso que se caracteriza por por producir espasmos, movimientos repentinos, tics extremos, y por insultar con obscenidades a la otra gente, entre otros síntomas.

Foto de Andre Hunter, en Unsplash

Eso fue también lo que dijo el actor afroamericano Jamie Foxx cuando se enteró de que en la ceremonia de celebración de los premios Bafta 2026 a las mejores películas, el hombre que inspiró la película I Swear, paciente de Tourette, profirió en voz alta un comentario racista en el momento en que dos famosos afroamericanos presentaban uno de los premios. Un típico comentario agresivo y ofensivo, proferido por un paciente de Tourette, como son por lo general los comentarios impulsivos de las personas que padecen ese síndrome. Los organizadores del evento trataron de convencer a Foxx de que no lo tomara en serio porque el hombre estaba enfermo. Pero para Jamie Foxx el tipo podía estar muy enfermo pero también era racista.

Este fue el asunto que me dejó pensando. ¿Estará la vida en sociedad cargada de grandes dosis de hipocresía para sobrellevarnos los unos a los otros? Los seres ‘normales’ con frecuencia callamos las cosas negativas que pensamos para no ofender a los otros, y así obtener alguna forma de beneficio: simpatía, reconocimiento, amistad, cariño, amor, y hasta un buen empleo. Esto es algo que no les resulta bien al pequeño porcentaje de personas que sufren el llamado Síndrome de Tourette: que no pueden reprimir el impulso de decir las cosas más ofensivas. Y sabrá el diablo por qué, casi siempre se trata de obscenidades relacionadas con el sexo o con lo coprológico. Se dice que a estas personas les falla el “mecanismo inhibitorio cerebral”, un mecanismo que funciona bien en los seres ‘normales’. No saben inhibirse para pronunciar palabras tabú y hacer comentarios socialmente inapropiados.

En esta escena de la película, dos pacientes de Tourette conversan

La película I Swear, que recomiendo, está llena de ejemplos sacados de la vida real del paciente que la inspira. Como mandar “a la mierda” a la reina de Inglaterra en la ceremonia en la que ella le entregaba un reconocimiento por su trabajo con otros pacientes de esa enfermedad. La reina estaba al tanto del problema así que no se escandalizó. O como pronunciar varias veces el nombre de Hitler sin que viniera al caso. O decirle a un tipo que acababa de conocer que quería follar con él. O darle manotazos a la gente que tiene al lado. O escupirles la cara.

Cualquiera puede tener este tipo de pensamientos —machistas, sexistas, homofóbicos, fascistas, racistas, querer asesinar al presidente del país porque es un tipo detestable, cosas así— pero no lo dicen en voz alta, lo guardan en una cámara oculta y sellada de la mente a la que le han puesto candado. Nadie se atreve siquiera nunca a mirar lo que permanece oculto en esa especie de desván del horror de la mente. Pues bien, los analistas explican que, a diferencia de nosotros, los pacientes de Tourette tienen abierta la puerta de ese desván, y en cualquier momento algo puede desencadenar que salgan de su boca las palabras o las frases más venenosas guardadas allí.

La primera vez que oí hablar de este síndrome fue en uno de los libros de Oliver Sacks, en el que cuenta la historia de un médico que padece ese trastorno y que sin embargo es capaz de vivir una vida nornal. Es una historia preciosa. La descripción de los tics violentos y de las locuras que dice y hace el personaje son conmovedoras. (Por eso fue muy grande mi decepción cuando me enteré de que Sacks se lo había inventado todo). Pero desde entonces Tourette me ha dejado la inquietud de la conciencia de esa especie de hipocresía en la que se mantinenen nuestras relaciones humanas para poder funcionar en sociedad. Nos toca estar callando la verdad de nuestras opiniones, de las cosas que se nos vienen a la cabeza involuntariamente cuando reaccionamos frente a algo o a alguien. Frente al amigo que nos muestra el cuadro que acaba de terminar y que nos parece espantoso pero callamos esta opinión y solo le decimos que nos gusta, que está bien.

Es el arte de la diplomacia. La película I Swear nos muestra lo infernal que puede ser la vida de una persona con ese mal. En realidad, no solo para quien la padece sino para quienes conviven a su lado. Porque por mucho que conozcas de la condición de este trastorno neurológico, no es fácil aceptar que alguien te diga así no más que le chupes la verga, como dice a veces el personaje de la película, aunque al instante siguiente se arrepienta. Porque… lo dicho, dicho está.

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