Metamorfosis – De Zeus a Jeffrey Epstein

El otro día visitando la exposición Metamorphoses en el Rijksmuseum de Ámsterdam tuve que pensar en Jeffrey Epstein. Cualquiera se preguntaría, ¿qué tienen que ver las transformaciones narradas en el célebre poema de Ovidio, obra en la que se inspira esta bella exposición, con el famoso depredador sexual? Pues bien, la asociación es menos descabellada de lo que parece.

La exposición del Rijks cuenta con unas ochenta obras, que son las interpretaciones artísticas de grandes maestros de algunas de las transformaciones más famosas de Ovidio. Así, las metamorfosis vistas por Bernini, Tiziano, Correggio, Caravaggio, Rodin, Brancusi, Magritte, y hasta Louise Bourgeois con una de sus enormes arañas. La visión de estas obras, muchas de ellas en formatos enormes, nos sumergen a los visitantes en un mundo de fantasía mitológica cargada de pasiones, deseos, lujuria, celos, astucia, poder, pero sobre todo, engaño. Por lo general un ser se metamorfosea para engañar. En este sentido, me llamó la atención la cantidad de trabajos dedicados a representar a una figura masculina poderosa que se transforma para abusar de indefensas doncellas.

Que el tema haya sido desde el comienzo de los tiempos tan recurrente en el arte (también en la literatura) debe ser porque la vida real se ha ofrecido como modelo de inspiración. Veamos unos ejemplos:

Leda y el cisne (1530), pintura de Micheangelo Buonarroti. El mito cuenta que el gran dios Zeus (Júpiter) baja del Olimpo transformado en un cisne para seducir a Leda, reina de Esparta. El cisne finge ser atacado por un águila, y busca la protección de Leda quien lo atrae a su regazo. Un truco perfecto del dios macho para violar a la mujer. Existen varias versiones de este mito. Con este tema hay toda una sala en la exposición del Rijks con obras de diferentes artistas.

Imagen sacada de Wikipedia

La imaginación del gran dios para salirse con la suya no tiene límites. En Júpiter e Ío, del artista italiano Antonio da Correggio, el poderoso dios visita a la doncella Ío transformado en una gran neblina que la envuelve, la abraza y finalmente la viola. Todo debió imaginarse la pobre Ío menos que una nube la iba a violar.

La durmiente Danaë preparada para recibir a Júpiter (1603), un enorme óleo del artista holandés Hendrick Goltzius, representa a la princesa Danaë, que ha sido encerrada por su padre, durmiendo en una cama, mientras Mercurio y una sirvienta la preparan para la visita de Júpiter. El dios llega transformado en un águila, que se puede apreciar en el ángulo superior izquierdo del cuadro.

En la versión del artista italiano Tiziano, Júpiter se presenta a la cama de su víctima en forma de una lluvia dorada, lo que también se ha interpretado como una forma de prostitución, sexo pagado. Con lo cual la pobre Danaë se quedó con la mala reputación de haberse dejado corromper por la riqueza.

Una de las transformaciones más relevantes de la mitología con el fin de aprovecharse de una débil mujer es la que narra la historia de Júpiter y la princesa fenicia, Europa. En la exposición del Rijks hay varias alusiones a este mito conocido como el Rapto de Europa, en el que la bella princesa se deja seducir por un Júpiter metamorfoseado en un toro hermoso y dócil. El toro la rapta y la lleva a Creta en donde la viola. La obra de Tiziano con este tema no está en la exposición del Rijks.

Pero, menos mal, no siempre las doncellas resultan violadas en los mitos de Ovidio. Una suerte diferente tuvo la ninfa Dafne cuando el poderoso dios Apolo la agrede y la persigue, inútilmente porque ella se le escapa por el bosque, logrando transformarse a tiempo en un laurel. La obra del artista Bernini que captura el momento en que ella se metamorfosea en árbol se puede ver en la exposición. De todos modos, no sé si en este caso se pueda hablar de un final feliz porque Dafne, al volverse laurel, pierde su condición humana.

Esto para mencionar solo unos pocos casos mitológicos de los engaños de un hombre poderoso a una figura débil para someterla. Que, a propósito, no siempre era mujeres, también les pasaba a los chicos jóvenes y hermosos, como Ganímedes, el más bello de los mortales. Júpiter se encaprichó con este príncipe troyano, y para conquistarlo se transformó en águila y se lo llevó a vivir con él en el Olimpo como su amante, y también como camarero de los dioses.

No es difícil imaginar a Jeffrey Epstein y sus riquísimos amiguetes en Little St Jeff’s, la isla de su propiedad en las Islas Vírgenes del Caribe, su Olimpo particular, metamorfoseados en una lluvia de oro para atraer a docenas de chicas jóvenes y guapas para divertirse con ellas. Al igual que Zeus, Epstein no era capaz de resistirse a la juventud y la belleza, y como el dios, contaba con el poder y la riqueza para coseguirlo.

La diferencia con aquellos tiempos mitológicos es que ahora a estos lujuriosos ricachones se le puede aplicar la ley. O al menos se intenta. A algunos de ellos.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.