Elogio del fracaso, un libro de Costica Bradatan


El subtítulo de la obra es: Cuatro lecciones de humildad. En efecto, se necesitan buenas dosis de humildad para elogiar lo que nadie quiere para sí, lo que nadie se atreve a reconocer, lo ‘inelogiable’: el fracaso.

No conocía al autor de este libro, Costica Bradatan, filósofo rumano-estadounidense, y profesor de filosofía en varias universidades, entre otras cosas. Y lo que hacemos hoy en día cuando oímos por primera vez el nombre de alguien sobre quien nos interesa tener más información, es buscarlo en Internet. Así, me encontré con esta escueta página que resume en tres breves párrafos su currículum vitae, y que viene acompañada solo de esta imagen:

http://www.webpages.ttu.edu/cbradata/

Una especie de fortaleza en un lago en medio de montañas. La imagen no tiene crédito, no pone qué lugar es ese ni quién hizo la fotografía. Quizás porque no importa. ¿Se trata de una imagen real, existe en algún lugar de Transilvania, o es una ficción creada con IA? La fortaleza es una isla, un lugar desolado. Las únicas señales de vida son un lejano pato que nada solitario, y la vaga presencia, también lejana, de un hombre que camina por el techo de la edificación.

¿Qué quiere transmitir Bradatan con esta imagen? Fue mi primera pregunta, que pude responder (creo) después de haber leído su libro, Elogio del fracaso – Cuatro lecciones de humildad. La imagen condensa el espíritu de esta obra. Veamos:

A fin de cuentas, todo el mundo fracasa en la vida. Todos, reyes y mendigos, ricos y pobres, sanos y enfermos, bellos y feos. Todos fracasamos porque no importa la vida que llevemos, al final siempre nos morimos. Todos nacemos para fracasar. Procedemos de la nada y estamos destinados a la nada. Este libro, que se construye sobre cuatro ejemplos de vidas famosas, fracasadas a su manera, se propone enseñarnos a aprender a fracasar. Es decir, a no tomar el fracaso como algo malo, porque después de todo, el fracaso es la normalidad.

Si no somos capaces de ver esta realidad es porque “la naturaleza nos ha programado para no reparar en nuestra propia desaparición. Empotrados en la existencia como estamos, nuestra principal preocupación es sobrevivir y reproducirnos, no plantearnos temas inquietantes como la muerte, la nada o la aniquilación”. Sin embargo, la muerte nunca deja de tenernos en cuenta. “Por muy satisfactoria que sea nuestra vida, a todos nos aguarda el mismo destino: el fracaso biológico definitivo”.

Un tema inesperado, sobre todo en estas épocas en las que vivimos rodeados de libros de auto-ayuda, cómo tener éxito, cómo ser feliz, cómo volverte rico, cómo vivir con buena salud, etc. En resumen, cómo alcanzar la plena felicidad, pues estamos convencidos de que el objetivo de la vida es ser feliz. Para Bradatan esto no es necesariamente cierto. En línea con su compatriota, el filósofo Cioran, percibe la vida como una enfermedad… que solo cura la muerte. Y nos recuerda que esto también está en línea con el pensamiento de Sócrates, quien un poco antes de morir pide a su discípulo Critón sacrificar un gallo a Esculapio. Era una costumbre griega hacer ese sacrificio cuando alguien se curaba de una enfermedad. Al morir, Sócrates se curaba de la vida.

Esta es también una obra de auto-ayuda, pero a la inversa. Examina el rol que juega el fracaso en nuestras vidas, y recomienda una terapia basada en el fracaso. Porque, como señala el autor en una entrevista, “la experiencia del fracaso nos permite ver las grietas en el tejido de la existencia”. Hay que saber ver estas grietas. Esto nos hace más humildes, lo que aquí quiere decir, no solo menos arrogantes sino más realistas. “Somos poca cosa de la que hablar, somos casi nada”, o como dijera Vladímir Nabokov, “La vida es una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas”. Casi nada.

Y sin embargo hacemos un sol de esa breve rendija de luz. Vamos por el mundo creyéndonos que somos el centro del universo. Somos soberbios y arrogantes, nos imaginamos más importantes de lo que somos. Creemos en el triunfo personal. Pero hasta Elon Musk, a pesar de sus trillones de dólares y de sus éxitos tecnológicos, no es sino una breve rendija de luz condenada a extinguirse. Por eso Bradatan sugiere que en la vida hay que estar preparados en todo momento para quedarnos sin ella. Pero esto no es fácil. ¿Quién le dice a Elon Musk que en realidad él no es más que un loser igual que cualquier miserable drogadicto de una calle de San Francisco? Solo un golpe de fracaso es capaz de bajarnos los humos.

Bradatan identifica cuatro tipos de fracaso (físico, político, social y biológico), y le aplica cada uno de estos a un personaje histórico, respectivamente, Simone Weil, Mahatma Gandhi, E.M. Cioran y Yukio Mishima. En este examen de los tipos de fracaso radica, quizás, lo más valioso de esta obra desde el punto de vista literario, lo que la hace extremadamente deliciosa de leer. Las anécdotas (de ‘fracaso’) de las vidas de estos personajes se podrían leer casi como un chismorreo de alta envergadura. Bradatan desnuda a sus personajes para exhibirlos con sus más mínimas fealdades.

Bradatan es también un heredero de Séneca —otro personaje que nos muestra al desnudo— cuando en su ‘terapia’ para vivir bien propone que hay que saber aceptar la finitud, pues es la única manera de vencer nuestro miedo a la muerte. “La mejor forma de enfrentarse al gran fracaso no es fingir que no existe, sino aceptarlo”.

Una fortaleza en un paisaje brumoso y desolado. Así podría ser la consciencia del fracaso.

Foto de Aron Visuals, en Unsplash

4 opiniones en “Elogio del fracaso, un libro de Costica Bradatan”

  1. Qué lectura tan potente. Esa imagen de la fortaleza en medio del lago, rodeada de montañas y niebla, me pareció al principio una metáfora del aislamiento… pero después de leer tu texto, la vi como el rostro mismo del fracaso: solitario, inevitable, silencioso.

    Me quedo con esa idea de que el fracaso revela las grietas del tejido de la vida. Porque en esas grietas también entra la luz. Y quizás ahí, en ese resquicio, podamos vernos con menos arrogancia y más verdad. Gracias por compartir esta lectura que no consuela, pero sí despierta.

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      1. Sí, hay algo inquietante en esa imagen — como si el silencio no fuera vacío, sino espera. Y acercarse, como bien dices, da vértigo.
        Ese tipo de inquietud me ha acompañado en muchos de mis escritos. Si te interesa, estoy publicando una serie de ensayos sobre temas existenciales, salud mental y comportamiento humano. Algunos nacieron de investigaciones guardadas en la gaveta durante años… otros, de encuentros como este.
        Te dejo aquí algunos que podrían resonar contigo:
        📎 “Guardado en el cajón” — sobre el suicidio infantil y el silencio que lo rodea
        📎 “El arte del encuentro en tiempos de superhombres” — sobre vínculos, desamparo y la cultura del rendimiento
        Gracias por el intercambio. Seguimos pensando juntos.

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