Lo que nos queda de vida silvestre

COP16, una conferencia para intentar salvar lo que aún no se ha perdido

— nutrinews.com —

Esta podría ser una imagen neutral de un extenso cultivo de soja en Suramérica. Si nos acercamos un poco más a la información que acompaña esta foto nos enteraremos de que la superficie sembrada de soja en Suramérica sobrepasa los 66 millones de hectáreas, y que cada año esta superficie se incrementa en un cinco por ciento. Si vamos aún un poco más cerca sabremos que no hace mucho tiempo, todo ese terreno estaba cubierto de una enorme variedad de bosques, de rica vegetación, árboles, lianas, musgos, helechos, hongos, numerosas especies de animales, insectos. Era lo que se conoce como una selva tropical, una enorme masa vegetal rica en biodiversidad, retenedora y generadora de agua dulce.

Bueno, todo eso desapareció cuando talaron los árboles, prendieron fuego y arrasaron la tierra para prepararla para cultivos como el de esta imagen. Un monocultivo. Una única planta, soja, en 66 millones de hectáreas. No hay peor atentado a biodiversidad que un monocultivo.

Como reza el refrán, una imagen dice más que mil palabras. Por eso en esta entrada sobre el tema de la biodiversidad —a propósito de que en estos momentos está teniendo lugar en Colombia la conferencia de la ONU sobre biodiversidad— he querido usar una imagen muy dicientes sobre la degradación de la naturaleza que causan las actividades económicas de gran escala, como la agroindustria (por no mencionar sino ésta), en una de las regiones más ecológicamente vulnerable del mundo, la selva del Amazonas.

https://ecolectia.com/es/noticias/detalle/10-anos-muy-dificiles.html

Se dice que el Amazonas es el “pulmón del mundo”. Hoy ese pulmón se parece cada vez más al de un viejo fumador afectado de enfisema pulmonar. La foto de la zona deforestada es de 2019. Es posible que hoy, en 2024, el trozo verde que todavía se aprecia allí ya haya desaparecido.

Cito un artículo de la organización Mighty Earth: “… el incentivo para la destrucción proviene de compañías internacionales de carne y soya a gran escala como JBS y Cargill, y las marcas globales como Stop & Shop, Costco, McDonald’s, Walmart / Asda y Sysco que les compran a estas y les venden al público. Son estas empresas las que crean la demanda internacional que financia los incendios y la deforestación”.

Internet está lleno de imágenes, fotos, vídeos, artículos, que revelan la magnitud de la pérdida de la naturaleza. Cualquiera tiene acceso a ellas. De modo que no será por falta de información que no se hace algo, que los gobiernos no toman verdaderamente las medidas necesarias para frenar la tala de bosques, para reducir las grandes instalaciones de monocultivos (uno de los grandes asesinos de la biodiversidad). No es falta de información. Es el poder de los grupos económicos, son ellos los que finalmente deciden las políticas de los gobiernos. Estos últimos se comprometen por un lado a eliminar o reducir la deforestación; pero por otro lado ceden a las demandas de esas grandes empresas de la madera y de la industria de la alimentación que requieren aumentar cada año las zonas despejadas para ampliar sus negocios. Y continúan expandiendo la frontera agrícola sin que los gobiernos se atrevan a ponerle freno a esta expansión.

Es frustrante ver que los gobiernos le restan prioridad a la conservación de la naturaleza con argumentos económicos. La biodiversidad no debería ser negociable bajo ninguna circunstancia.

En la reunión de Cali se ha dicho que debido al cambio climático, la Amazonía y otros ecosistemas de la Tierra se acercan a sus “puntos de inflexión”, en los cuales empezarán a degradarse de manera irreversible. Cuando la deforestación exceda el 25% de la superficie arborea, y el calentamiento sobrepase los dos grados, ya habremos alcanzado ese punto, dicen los especialistas. Sin embargo, hasta el día de inicio de la reunión, solamente 34 de los 196 países que firmaron el Convenio sobre Diversidad Biológica habían presentado su plan de acción a 2030 para reducir la extinción de las especies.

En estas conferencias se llega a acuerdos que después no se cumplen. Si las Partes (los países) que se reúnen estos días en la COP16 fueran serias en su compromiso de regenerar la naturaleza, frenarían las ambiciones de estas poderosas empresas, que quizá no son la única causa de todo lo que va mal en el Amazonas, pero sí son una causa importante y claramente identificable del problema.

Cito de nuevo a Mighty Earth: Compañías como Cargill, Unilever y Yum Brands se hacen presentes en las cumbres sobre el clima y “proclaman su compromiso de eliminar la deforestación de sus cadenas de suministro. También lo han hecho… Walmart, Marte y Danone. Todavía tienen que cumplir con este compromiso. … Estas empresas deben asumir la responsabilidad de los impactos de sus productos. Deben eliminar los incentivos de mercado que promueven esta imprudente destrucción ambiental… Compañías como McDonald’s, Burger King y Ahold Delhaize… así como los supermercados Hannaford, Food Lion, y Giant, no pueden seguir mirando hacia otro lado mientras el Amazonas arde. En su lugar, deben obtener sus insumos solo de proveedores y regiones que muestren evidencia de eliminación de sus prácticas deforestadoras”.

Yo me pregunto si algunas de estas compañías están ahora en la conferencia de Cali haciendo de nuevo falsas promesas. Pero seguramente estarán en la próxima gran conferencia de la ONU sobre cambio climático, la COP29, el mes de noviembre, en Bakú, Azerbaiyán. Irán a negociar cómo pueden seguir operando sus business as usual mientras se dan una imagen verde ante el mundo, anunciando compromisos y promesas que no cumplirán.

Y así vamos, de conferencia en conferencia, mientras arde el Amazonas. Así terminó la COP16, en suspenso…

Foto de Greenpeace, 2020

3 opiniones en “Lo que nos queda de vida silvestre”

  1. In destroying the earth, human lives are also lost: initially, the indigenous tribes are murdered, then in the longer term we «civilised» humans (8 billion and counting) will perish through famine or disease or war!

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