La Casa de Papel – ¿Quiénes son los malos?

La-casa-de-papel-2-1Una de las escenas que más me gusta de la segunda temporada de La Casa de Papel es esa en la que el Profesor rompe un billete de 50 euros en las narices de la inspectora Raquel Murillo mientras le explica que los billetes no son sino hojas de papel. (Perdón por los spoilers a quienes no hayan visto la serie y tengan pensado verla)

En la mayoría de los países, el banco central es la autoridad monetaria encargada de emitir legalmente el dinero. Y si así lo quieren, lo emiten a diestra y siniestra, como viene haciendo el Banco Central Europeo desde la última crisis económica, que no ha vacilado en imprimir miles de millones de euros par dárselos a los bancos. También esto le explica el Profesor a la inspectora para justificar el tremendo robo que están cometiendo. Ellos no están haciendo nada diferente a los que hace el BCE: imprimen papel moneda para llevárselo.

 

Itziar
Itziar Ituño como Raquel Murillo

Este es el argumento que termina de sembrarle la duda a la inspectora sobre quiénes son los verdaderos malos de la sociedad, ¿esta pandilla de atracadores simpáticos o los bancos? Entonces cambia de bando.

 

En la vida real todo es un poquito más complejo que en las series de Netflix, pero hay que reconocer que los argumentos del Profesor no son del todo traídos de los cabellos. Los bancos y los gobiernos pueden ‘robar’ legalmente. Hay un entramado jurídico, o de políticas económicas, ¡qué se yo!, que lo permite. Pero si tú robas a un banco o al gobierno vas a la cárcel porque serás considerada ladrona y te aplicarán la ley que manda a los ladrones a prisión.

10-euros-20-euros-50-euros-manojo-de-dineroOtro detalle que se desprende de la trama de esta serie: las hojas de papel que se convierten en billetes de todas las denominaciones salen de la nada. Solo hace falta papel blanco y una máquina. Lo hemos visto. Lo que llamamos dinero es una ilusión con apariencia de realidad. El dinero no existe. Es una fuerza invisible cuyo valor está en su aceptación universal. La gente puede tener diferencias ideológicas, religiosas, raciales, sexuales, lo que sea, pero todo el mundo sin excepción cree de la misma manera en los dólares y en los euros, a pesar de que no son sino pedazos de papel resultantes de una fantasía colectiva.

Volviendo a la serie, ¿es creíble que alguien como la inspectora Murillo, una persona con un montón de años de experiencia en la policía persiguiendo bandidos y defendiendo la justicia establecida por el sistema, cambie de un momento a otro de manera tan radical? ¿Es creíble que el pequeño y superficial discurso del Profesor sobre los bancos haya podido ejercer en esta mujer fuerte y madura –pues no es ninguna niña– un efecto tan contundente como para hacer a un lado los valores en los que ha creído toda su vida y adoptar los contrarios?

Por supuesto, todo el mundo me dirá que lo que le pasa es que se ha enamorado del bandido. Okey, entiendo la fuerza del amor. Además, estamos en el ámbito de la ficción en donde todo se puede. Y, claro, nos alegramos de que ella cambie de opinión, porque gracias a esto los asaltantes salen bien librados.

Sin embargo, al final, este cambio de bando de la inspectora no terminaba de convencerme. Tuve que pensar en un par de cosas más antes de decidir que, bueno, no era tan descabellado después de todo.

OsloYo, como todo el mundo, también me puse en esta serie del lado de los pillos. No porque personalmente sea favorable a los asaltos armados, sino porque los creadores de la serie nos ponen a los espectadores desde el principio del lado de ellos. Aprendemos a conocerlos, seguimos paso a paso su plan. Estamos con ellos. Queremos que ganen. Si los realizadores de la serie hubieran narrado la historia desde la perspectiva de la policía, entonces nos habríamos puesto del lado de la policía, y nos habríamos alegrado con la muerte de Berlín. ¡Uf, Berlín, cómo nos podía caer tan bien este macho violador de mujeres indefensas!

También en la vida real, nuestras opiniones son el resultado de la narrativa que nos ha sido impuesta desde el comienzo –desde el nacimiento– y dentro de la cual crecemos y vivimos hasta el final. Así pues, nuestra mirada dependerá de la narrativa a la que pertenezcamos. Es la visión del mundo con la que nos sentimos identificados, y la defendemos como la mejor. Pero, como dicen los sabios, no hay ‘buenos’ ni ‘malos’ en el mundo, lo único que hay es que estamos con unos o con otros. Otra vez: en la vida real, nuestra posición viene definida por el rosario de valores y creencias en el que hayamos crecido.

 

Murillo-Prieto
Murillo y el coronel Prieto

Con estos argumentos en la mano, me decía, así como los espectadores no nos podemos poner de repente del lado del antipático coronel Prieto, la inspectora no se puede poner del lado Profesor, aunque lo ame intensamente. Porque este cambio contradice todo lo que ella ha creído y por lo que ha luchado a lo largo de su vida y de su carrera profesional.

 

Pero, para bien y para mal, los seres humanos somos tremendamente manipulables. Podemos cambiar de narrativa, por muy arraigada que ésta pueda estar en nuestros cerebros. Y a veces esto sucede más pronto de lo que nos imaginamos. Un buen ejemplo de esto es la rapidez cómo dos pueblos vecinos amigos, de un día a otro comienzan a verse como enemigos y empiezan una guerra y se matan entre ellos. Hay gente que cambia de religión, de ideología, de costumbres. Basta con que se presente un elemento que induzca un cambio para que modifiquemos una manera de pensar que creíamos sólida. En el caso de la inspectora Murillo, el amor y un discursito izquierdoso del Profesor hicieron tambalear y venir al suelo su concepto tradicional de Justicia. ¿Por qué no iba a ser creíble?

Final-la-casa-de-papel-spanish-movie-posterUna última cosa: ¡qué lástima que Netflix haya programado una tercera temporada de La Casa de Papel! La historia ya estaba terminada, con happy end y todo.

 

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2 comentarios

  1. Hola Aquileana, primero que todo, lo siento mucho por el ‘spoiler’. Espero que tu seas de esa clase de gente a la que no le importa saber quién es el asesino para seguir leyendo con gusto el libro. Yo soy de esas.
    En cuanto al dinero, la definición qe mencionas del derecho argentino es la definición universal: un medio de intercambio…. en el que todo el mundo cree. Esta es la clave: la confianza. Cuando pagas con tu tarjeta de crédito la compra en el supermercado, ellos confían en que tu tarjeta tiene el suficiente respaldo en tu cuenta bancaria. Pero ese respaldo no es más que una cifra, la que ves cada vez que consultas tu cuenta en internet. Y con algo tan irreal como ese número haces las compras todos los días. Mi autor favorito por estos días, Harari, dice que “money isn’t a material reality, it is a psychological construct. It works by converting matter into mind”.
    Como siempre, es un gran gusto intercambiar unas frases contigo.

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  2. “El dinero no existe. Es una fuerza invisible cuyo valor está en su aceptación universal”.

    Una afirmación poderosa…. En el derecho Argentino se define el dinero como bien fungible.. es decir con la capacidad de ser “intercambiado” por bienes y servicios. Siempre me pareció una interesante definición.
    Veo la Casa de Papel… Voy por el segundo episodio de la segunda temporada… No sabía que la inspectora “se pasaba de bando”. Pero no me sorprende. Es raro el mecanismo de negociación de las autoridades en dicha serie. Aunque, claro, todo sucede en pocos días. Cuando en la serie pareciera que fuera mucho más.
    Respecto al dinero, coincido con tus argumentos. Incluso a veces uno podría poner en duda el valor de cada billete… Cuando tienen distintos valores y el papel y la tinta son los mismos. Uno es de diez, otro de veinte.. Por qué?. Meramente convencional. Y aún así, aceptado universalmente. Es realmente poderoso, si nos detenemos a pensarlo.
    Finalmente, también me caen bien “los malos” de esta serie. Coincido con vos, por los argumentos que exponías arriba.
    Excelente análisis, Amira. Un abrazo. 🙂

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