Suárez, la Fifa, y el nacionalismo futbolero

639x360_1403636287_suarez giorgio 2Imaginemos por un momento que la cosa hubiera sido al revés, que Chiellini hubiera mordido a Suárez. ¿Qué habría pasado? ¿Cuáles habrían sido las reacciones en el mundo?

Bueno, no es difícil especular que habría pasado exactamente lo mismo que pasó pero con otras caras. El mundo entero estaría haciendo toda clase de bromas con la cara de Chiellini como Drácula y como perro; en el Uruguay estarían todos indignados por la sucia afrenta a uno de sus jugadores; y en Italia estarían todos viendo la manera de defender, justificar, comprender, perdonar, etc. a Chiellini que se sobrepasó un poco es verdad pero es un buen chico.

¿Por qué será que la gente nada más ve (o tiende a ver mejor) las agresiones que les hacen a los jugadores de su equipo mientras que las que ellos les hacen a los jugadores del otro equipo nos pasan (casi) desapercibidas o en todo caso les restamos importancia? Es algo curioso. Cuando pitan injustamente un penalty a favor de nuestro equipo nos alegramos y no criticamos al árbitro, lo perdonamos por su equivocación. Pero cuando sucede lo contrario entonces quiere decir que el árbitro se ha vendido. Una de las cosas más interesantes de esta época globalizante y globalizadora es comprobar lo igual que somos, lo igual que reaccionamos, los seres humanos en todas partes del mundo. Un torneo internacional como el de la Fifa da bastante espacio para comprobar esto porque el interés que suscita es global.

TodossomosSuarezYo me pregunto si hay alguien hoy en el Uruguay que se atreva a criticar a Suárez. Varios amigos y amigas del Uruguay, que no se caracterizan precisamente por ser fanáticos del fútbol ni mucho menos, han colgados estos días en sus páginas de Facebook artículos y videos que tratan de explicar el incidente de Suárez poniéndose del lado de “Luisito”. Creo que hasta los peores enemigos políticos del presidente Mujica respaldarían lo que dijo el Pepe hace unos días, “… a Luisito lo queremos … Como jugador genial a veces parece un chiquilín de barrio”. Palabras que me hicieron pensar en un abuelo hablando de un nieto del que todos saben que es un granuja pero tan buen chico en el fondo.

Hay una identificación nacional con el equipo del propio país que está por encima de todo, del color político que se tenga, de la ideología, de la religión, de la clase social, del ingreso económico, del nivel de educación, de la orientación sexual. Todo eso pasa a segundo plano cuando los jugadores de la selección nacional, con el himno recién cantado y la bandera recién ondeada del país, se enfrentan a los jugadores de un país contrincante. Es un nosotros contra ellos y ahí no hay punto intermedio. Identificarse con el equipo del país es un acto que va más allá de cualquier razonamiento.

De todas las formas del nacionalismo, la que se deriva del fútbol es quizás la más pasadera. Aunque el espectáculo de las masas enardecidas de hinchas haciendo ruido en las calles después de una victoria de su equipo es bastante desagradable, creo que un terreno en el que se ataca al ‘enemigo’ a patadas y mordiscazos es mejor que un terreno en el que se lo ataca a balas. (Cierto partido de fútbol terminó alguna vez en una guerra de verdad pero esa fue una excepción).

Habría que ser apátrida para estar completamente exento del riesgo de caer en el nacionalismo futbolero. Pero como la mayoría de la gente ha crecido en el contexto de una nación específica, inevitablemente tiende a ponerse del lado de dicha nación asumiendo inadvertidamente actitudes nacionalistas, con todos los defectos que tiene el nacionalismo, de los cuales destaco dos: la falta de autocrítica y el infantilismo. Por el primero, se hace la vista gorda de los propios errores y se busca justificarlos (el pobre Luisito quedó marcado por las condiciones duras de su infancia) para llegar al perdón. Por el segundo (el infantilismo) buscamos restarle gravedad a nuestro error a través del mecanismo de resaltar los errores del acusador o de otros.

Y aquí entra la Fifa en esta historia. La Fifa, como todo el mundo sabe, es una mafia, una entidad extremadamente corrupta y turbia que mueve millones y millones de dólares. Si en el mundo se hiciera justicia la Fifa tendría que haber sido llevada al banquillo desde hace tiempo. Pero la Fifa es al mismo tiempo la entidad organizadora de este evento. Las reglas del juego son las reglas de la Fifa aceptadas por todos los participantes. Así pues, si alguien viola las reglas del juego corresponde a la Fifa aplicar la sanción.

Montar una defensa sobre la base de la mayor culpabilidad de otros (en este caso la Fifa) es un gesto fácil, infantil. Para defenderse de alguna travesura los niños sacan a relucir las peores travesuras que hacen los otros niños, aunque éstas no vengan a cuento, para disimular las propias. Que la Fifa sea mafiosa no viene a cuento cuando se trata de sancionar a un jugador por una infracción. La Fifa tiene muchas culpas a cuestas pero no tiene la culpa de que Suárez haya mordido a Chiellini. La Fifa no tiene autoridad moral para juzgar a nadie pero es oportunista hacer esta recriminación precisamente ahora.

Mientras tanto seguiremos felices viendo el Mundial, y queriendo que gane no el mejor, sino el equipo de nuestro país. Dentro de unos meses Suárez volverá a las canchas y la Fifa seguirá en lo suyo.

2 thoughts on “Suárez, la Fifa, y el nacionalismo futbolero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s