Ocean, la película

La pesca de arrastre está matando el mar. Ocean es una denuncia urgente para intentar frenar la gran industria pesquera que utiliza estas prácticas.

El último documental del naturalista británico David Attenborough, Ocean, comienza con unas escenas preciosas filmadas en el fondo del mar, con peces de todos lo colores, de las más diversas especies, y deslumbrantes bancos de coral reluciendo en toda su belleza. Imágenes que nos dejan extasiados a los espectadores.

Pues bien, esto no dura mucho. Pronto la película nos muestra cómo toda esta belleza puede quedar destruida en unos pocos minutos con el paso de un barco pesquero arrastrero, de esos que rastrillan el fondo marino llevándose a su paso indiscriminadamente toda forma de vida acuática animal y vegetal. “Los animales intentan desesperadamente escapar de la trampa. Las imágenes muestran a una manta raya en una carrera despavorida por escapar de la red”. Lo más impactante de la película de Attenborough son precisamente estas imágenes, filmadas por primera vez, que revelan cómo opera en la práctica este método.

Imagen de economiasustentable.com

La pesca de arrastre (no deberían llamarle pesca a esto que no es sino una actividad criminal), se basa en barrer el lecho marino con el objetivo de capturar masivamente el mayor número de peces. Como no hay criterio de selectividad, en el arrastre se llevan también corales, algas, plantas y hasta la basura y el plástico (ahora omnipresente), causando una verdadera catástrofe ecológica por la zona que recorren. Después, como se ve en la película, la enorme red rastrera es izada al barco para descargar la pesca. Tres cuartas partes de lo obtenido no es comercialmente interesante, entonces los montones de peces ya muertos son tirados de vuelta al mar. Después de la conmoción que nos causan las imágenes del arrastre de la red, quedamos espantados ante el espectáculo de esa mortandad inútil.

La mayor parte de estos peces son tirados muertos de vuelta al mar – foto de: fondear.org

No, no es justo que pasen estas cosas, y que pasen, además, a una escala tan grande, y totalmente impune. Al utilizar una técnica torpe e ineficiente (pero seguramente más barata) como es la pesca de arrastre, la gran industria pesquera se toma el derecho de arrasar la naturaleza sin ninguna consideración, de matar seres vivos, no por necesidad de consumo, sino por puro provecho económico. Devolver muerta al mal tres cuartas partes de la pesca es también uno de los ‘daños colaterales’ de esta actividad, comparable igualmente a las ‘consecuencias no deseadas’ de la industria fósil y minera, que destruyen ‘sin querer’ bosques y fuentes de agua para obtener su producto.

Imagen de: ethic.es

Los espectadores nos damos cuenta de que escenas como estas suceden desde hace décadas, y siguen sucediendo miles de veces, todos los días, en casi todos los mares del mundo. Las dimensiones del daño a la biodiversidad marina es descomunal. La captura cada vez más rápida de peces —más rápido de lo que ellos pueden reproducirse— está acabando con la fauna marina. Así, también vemos en le película cómo a las costas africanas en las que viven pueblos pesqueros pobres, ya casi no llegan peces. Los habitantes están perdiendo esta fuente de consumo básica sin que nadie hable a favor de ellos. Según este artículo de la organización Climaterra, ha desparecido de los mares el 90 % de los peces grandes como el atún, la aguja, el pez espada, el tiburón y el bacalao.

Un 70 % de la superficie del planeta es agua. Si se muere el mar, nos morimos todos. Este es el principal mensaje de la película de David Attenborough, hay que resguardar los mares y océanos de la sobre explotación del modelo económico capitalista vigente. Para ello ha tenido la sabiduría de centrarse básicamente en el tema de la pesca de arrastre, que es solamente uno de los muchos problemas que afectan mares y océanos en esta época (la minería en aguas profundas, el vertido de residuos, la pesca ilegal, etc.). La importancia y la fuerza de este mensaje nos hace perdonarle a los realizadores algunos detalles menos logrados del documental, como el uso de la música que es bastante fastidiosa y le da a ciertas imágenes un tono dulzón o dramático que no hacía falta. Bastante drama ya hay en lo que se ve.

Sea lo que sea, este importante documental llega a tiempo para llamar la atención de la próxima Conferencia de Naciones Unidas sobre los Océanos que se celebrará entre el 9 y 13 de junio en la ciudad de Niza, en la costa francesa del mar Mediterráneo. Ese mismo Mediterráneo del que Attenborough nos cuenta que está tremendamente degradado, y del cual solo un 1 % está considerado como zona protegida.

A sus 99 años de edad, Attenborough no deja de ser un hombre optimista. La película muestra también que el mar es un organismo vivo, capaz, como un ave fénix, de recuperarse de sus heridas. Se han hecho estudios que revelan que regiones destrozadas por la pesca de arrastre han podido recobrarse cuando se las ha protegido. La película ofrece varios ejemplos en los que el suelo se ha recuperado, han vuelto a criarse peces, los corales vuelven a colorearse. El mensaje es pues, bastaría con proteger amplias regiones marinas para devolver la salud a los mares. Pero mientras se siga practicando la pesca de arrastre, un verdadero ecocidio (delito contra el medioambiente, todavía no regulado por ninguna ley internacional), esto no será posible.

Muchos sectores ambientalistas dedicados al tema del mar vienen abogando desde hace tiempo por la protección de al menos un 30 % de los océanos. Que esta extensión no sea tocada por ningún tipo de industria destructiva. Ojalá.

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