Tiburones adictos a la cocaína

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Todo lo que se tira por el inodoro, el lavamanos, la ducha, las máquinas lavadoras de platos y ropa y cualquier sitio de desagüe, terminará tarde o temprano en el mar. De igual modo, todo lo que se arrastra por las calles de las ciudades va a dar a alguna alcantarilla, esas inocuas rejillas abiertas en los costados de las aceras, y de ahí a un río, y de ahí al mar. Los mares del mundo se están convirtiendo en auténticas cloacas.

Imagen de Greenpeace

Ya no nos sorprendemos con las noticias que aparecen de vez en cuando en los medios, informando sobre basurales de plástico acumulados en tal o cual playa que hasta hace algún tiempo era considerada un paraíso. El basural se está volviendo la normalidad. Sin embargo, a veces llegan noticias tan estrambóticas que no sabemos si es cosa de risa o de llanto.

Como la de los tiburones colocados. En las costas de Brasil los científicos han detectado una alta concentración de cocaína y otras sustancias en los tiburones de la zona. Probablemente, no es que los brasileros consuman más cocaína que en otros países, y la sustancia se filtre al Atlántico con los desechos de inodoros y lavabos en los que los cocainómanos han depositado sus detritos humanos y los restos de polvo no consumido. El fenómeno es más general pues ha sido observado también en las costas de la Florida en Estados Unidos y en zonas del Reino Unido. En todos los casos se trata de puntos en donde se mueve gran cantidad de cocaína envuelta en paquetes, una buena parte de los cuales se cae al mar y nunca es recuperada. Los paquetes se abren, su contenido se disuelve en el agua y se lo tragan los animales marinos.

Porque resulta que no solamente los tiburones están generando adicción al polvo blanco. También las gambas, los camarones, las almejas y cuanto pez y crustáceo nada por allí. Y si fuera solamente la cocaína… Muchas otras especies marinas han revelado ya un comportamiento extraño, errático, como consecuencia de los efectos del prozac y otras drogas legales que también se presentan en el mar en concentraciones altas. Así pues, además de nuestra cultura del desperdicio, los mares están reflejando las paranoias, las chifladuras, demencias, y todos los comportamientos delirantes de los modernos seres humanos. Allí van a dar analgésicos, antidepresivos, antipsicóticos, antibióticos —sin mencionar la variedad de químicos y pesticidas que ingerimos continuamente con los alimentos y productos de aseo y limpieza— depositados en las aguas residuales de las ciudades del mundo. Les estamos traspasando nuestras locuras a los peces. Esos mismos peces enloquecidos que después nos comemos, con lo cual quién sabe qué resulte.

De verdad que, si no fuera porque es dramático, esta noticia de tiburones y camarones colocados con cocaína casi daría risa.

Todo el mundo está de acuerdo en que hay que limpiar los océanos. Hay entidades y gente que ya se están dedicando a esto. Lo que no se dice claramente es que, mientras se siga produciendo basura en grandes cantidades, como es el caso hoy, no hay limpieza que valga. Porque nuevos desechos vendrán a reemplazar los anteriores. Por otro lado, el consumo excesivo de drogas, legales e ilegales, ha venido a añadirse al problema de la contaminación y de la basura, típico de nuestros tiempos hiperconsumistas, y está alterando, de manera tal vez irreversible, los ecosistemas marinos.

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