Paul Klee y Walter Benjamin unidos por un ángel

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Angelus Novus, Paul Klee 1920

El artista suizo-alemán, Paul Klee, pintó hace un siglo, exactamente en 1920, su cuadro Angelus Novus. Fascinado con esta imagen, al año siguiente el filósofo Walter Benjamin compró la obra y la mantuvo entre sus posesiones hasta su muerte en 1940.

Valero  En un precioso libro titulado Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, el escritor ibicenco Vicente Valero, recrea detalladamente las dos estadías que hiciera Benjamin a la isla en 1931 y 1932 respectivamente. No me propongo escribir una reseña de este libro porque he encontrado varias en Internet y algunas de estas muy buenas. No tiene caso repetir lo ya dicho por otros, y en muy buenos términos. Solo quiero decir algo sobre el ‘ángel nuevo’ de Klee, o mejor, sobre lo que éste significó para el filósofo alemán.

Valero cuenta que, en su Tesis de Filosofía de la Historia, obra que Benjamin escribió varios años después de su estancia en Ibiza, hay un fragmento dedicado al ángel de Klee. El cuadro muestra “un ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas”. La figura era el símbolo del ángel de la Historia, el ángel capaz de ver la catástrofe única que llega del pasado arrojando a sus pies ruina sobre ruina. “Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas”. El ángel sobrevuela horrorizado las cenizas que arroja el pasado, al tiempo que no puede escapar del futuro. Como pensador judío alemán viviendo en épocas de nacionalsocialismo, Benjamin no podía tener una visión muy optimista del devenir histórico. En otra parte escribe que “la humanidad se acredita en la destrucción”.

Existen diferentes interpretaciones de esta pintura de Klee, algunas de ellas basadas en aspectos religiosos y metafísicos. De hecho, el título de la obra, en latín, está relacionado con una leyenda del Talmud según la cual los ángeles nuevos son creados con el fin de entonar un himno a Dios antes de disolverse en la nada. Un ángel condenado a desaparecer. Según otros, el ángel expresaba los demonios internos y los miedos de Klee durante un periodo difícil de su vida, secuelas de su reclutamiento en las fuerzas alemanas durante la Primera Guerra mundial.

En sus largos años de exilio, Benjamin no se desprendió nunca de la obra, la llevaba consigo a todos los lugares adonde viajaba o adonde fijaba residencia. Pero en 1933, debido a su salida precipitada de Berlín en donde acababa de instaurarse el régimen nazi, no pudo sacarla y llevarla a Ibiza, una isla que le traía gratos recuerdos y a la que quería volver ese año. Como nos cuenta Valero, en Ibiza, el filósofo quedaría impresionado con la arquitectura popular mediterránea. Allí escribió siete relatos ambientados casi todos en la isla; escribió una buena parte de su texto autobiográfico Crónica de Berlín, y varios capítulos de su Infancia en Berlín hacia 1900, una serie de relatos en la que, con las perspectiva de un niño, el que era entonces, Benjamin evoca la decadencia de una ciudad abocada a la catástrofe, la de la Gran Guerra. Ahí estaba la mirada del ángel. Y en Ibiza se enamoró, por última vez en su vida, de una pintora holandesa de nombre Anna Maria Blaupot Ten Cate, una de esas artistas ‘olvidadas’, que si hoy alguien todavía recuerda es porque en algún momento un hombre famoso tuvo algo que ver con ellas.

TenCate
Autorretrato – AMB ten Cate

No está de más precisar que la Ibiza de entonces -a la que solo llegaban unos pocos artistas e intelectuales atraídos por el clima y la tranquilidad- no era ni sombra de la de hoy. Aunque, según sugiere Valero, ya presagiaba en lo que se iba a convertir la isla varias décadas después con el auge del turismo de masas.

Volviendo al ángel, por fortuna, como lo pone la Wikipedia, un par de años más tarde un amigo suyo pudo recuperar la obra y mandársela a París. En 1939, un Benjamin empobrecido trató de venderla -era la única pertenencia de valor que poseía- para costearse el viaje de huida a Estados Unidos. Inútilmente. Entonces le quitó el marco y la guardó con sus escritos en una maleta que quedó al cuidado del escritor George Bataille hasta que él pudiera recuperarla. Lo que no fue posible. Al año siguiente, el filósofo se quitaría la vida, desesperado por las trabas burocráticas que no le permitieron cruzar la frontera de Francia a España, desde donde esperaba escapar definitivamente de las garras del nazismo.

Después de haber pasado por varias manos, el Angelus Novus es hoy una de las obras más valiosas de la colección del Museo de Israel, en Jerusalén.

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