A la sombra de la Inteligencia Artificial

Antes creíamos que los robots se habían inventado no para reemplazarnos a nosotros los humanos, sino para complementarnos y potencializar nuestros talentos, nuestra inteligencia y creatividad. Pues bien, dado el ritmo con que ha ido avanzando la Inteligencia Artificial, IA, en las últimas décadas, y su exitosa incursión en todos los ámbitos de la actividad humana, nos va a tocar reconsiderar la vieja creencia de que produciríamos robots para que fueran nuestros esclavos.

Jetsons
Wikipedia.org

En la mentalidad pre-internet de los años sesenta y setenta del siglo pasado, las amas de casa se veían en el futuro con un robot (como en la serie estadounidense de TV, Los Jetsons, en la que además era una robot) que limpiaba la casa, hacía las compras, la comida y se encargaba de los niños. Y ellas tenían todo el tiempo libre para ir de shopping. En esa visión alegre del futuro –que predominaba hasta no hace mucho tiempo– los robots estaban para servirnos.

En efecto, la idea original de la creación de aparatos inteligentes era hacernos la vida más fácil, pero se ha ido tan lejos en su desarrollo que hoy no es ciencia ficción pensar que las máquinas pueden llegar a ser autosuficientes y desplazarnos a nosotros, los humanos, en nuestra posición dominante en el mundo. Es decir, a estas alturas del desarrollo tecnológico, lo que está en discusión es, quién va a dominar a quién. “El desarrollo de una completa inteligencia artificial (IA) podría traducirse en el fin de la raza humana”, anunció Stephen Hawking en 2015.

En el momento en que la IA sea capaz de realizar actividades específicas de los seres humanos, e incluso las pueda hacer mejor, la gente que hacía esos trabajos se va a quedar sin empleo. Ese momento ya está aquí. Se acuerdan de los tiempos en los que la cajera/o del supermercado tenía que escribir uno por uno los números del precio de cada producto en una sumadora. Si se equivocaba, tenía que repetirlo. Este proceso se agilizó y se eliminó el error con la introducción de máquinas que leen el código de barras. Todavía las cajeras/os encuentran trabajo en los supermercados, pero no por mucho tiempo. ¿Ahora que el cliente puede escanear directamente sus productos, qué necesidad tienen los comercios de pagarle a una persona para que lo haga? Con la identificación biométrica –que ya es una realidad– el cliente nada más agarra el producto y sale sin necesidad de pasar por una caja registradora.

Por ahora nos parece todavía un poco arriesgado, pero el futuro del vehículo que se maneja solo no está lejos. El oficio de chofer de bus, de taxi o de auto de millonario está en vías de extinción. Una empresa como Uber podría movilizar millones de taxis en todo el mundo usando solamente un puñado de seres humanos desde un centro de gestión.

 

robots-unemployment_michael-ramirez
Caricatura de: michaelpramirez.com

Para hacernos una idea más numérica de esta perspectiva, cito un párrafo de Yuval Harari en Homo Deus que alude a una investigación sobre el futuro del empleo: según las estimaciones de los investigadores, el 47% de todos los empleos en Estados Unidos está en riesgo. Hay un 99% de probabilidad que en 2033 los teleoperadores y los agentes de seguros sean reemplazados en sus puestos de trabajo por algoritmos. Un futuro parecido les espera a los árbitros de deporte, cajeros/as, jefes de sección, meseras/os, trabajadores de la construcción, asistentes legales, panadero/as, guías turísticos, guardias de seguridad, marinos, baristas, archivistas, carpinteros, guardaespaldas, profesores, médicos, y más. Todos estos trabajos los desempeñarán algoritmos más eficientes que los humanos.

No es seguro que esto vaya a pasar en 2033. Nadie sabe con certeza lo que va a pasar de aquí a quince años. Pero si las cosas se siguen desarrollando al ritmo actual, hay grandes probabilidades de que suceda.

El lío es, ¿qué va a hacer la gente cuando no tenga nada qué hacer? Porque la gente necesita ocuparse en algo o si no, se vuelve loca. Algunos especulan que en una sociedad ociosa la gente recurrirá a las drogas, para sentirse felices, y a los juegos de realidad virtual en el computador, para escapar en el mundo cibernético a la vida miserable e inútil que llevan. (A propósito de esto, recomiendo la última película de Spielberg, Ready Player One).

Los más optimistas dirían que en un mundo en el que no hay que trabajar, los seres humanos tendremos todo el tiempo libre para dedicarnos a la creación artística: escribir poesía, componer sonatas, pintar monalisas. El mundo de las bellas artes sería el último santuario de la humanidad. Nada más profundamente humano que la producción artística.

Desgraciadamente, la IA ha demostrado ya que es capaz de apropiarse también de este terreno. Queremos creer que el arte es el resultado de un encantamiento sublime, espiritual. Pero el arte podría no ser más que un conjunto de “algoritmos orgánicos que reconocen un determinado patrón matemático”.

 

Para aclarar esto, en el mismo libro, Harari trae a cuento el trabajo de David Cope, un musicólogo de California que ha escrito programas de computadores capaces de componer conciertos, coros, sinfonías y óperas. Cope creó un programa para imitar el estilo de Johann Sebastian Bach. En un solo día, el programa fue capaz de crear cinco mil corales al estilo de Bach. ¡Cinco mil! Bach habría necesitado varias vidas. Cope seleccionó algunas y las presentó ante una audiencia en un festival de música. Al final, el público quedó fascinado, algunos dijeron que la música les había “tocado su ser más íntimo”. Todo el mundo pensaba que eran obras de Bach. Nadie sabía que habían sido compuestas por un programa de ordenador. Cuando Cope reveló la verdad, algunos se quedaron mudos, otros gritaron enojados. Un ejemplo del falso Bach:

Es comprensible que la gente reaccione con enfado: no solo el arte en general es el último santuario de nosotros los humanos, sino que la música en particular es la más sublime de las bellas artes. Creemos que una buena pieza musical es el resultado de un espíritu extremadamente sensible junto con los necesarios conocimientos técnicos para producir esa obra. Los experimentos de David Cope –cuyo programa ha creado perfectos Beethoven, Chopin, Rachmaninov y Stravinsky– nos ponen ahora patas arriba esta convicción.

Harari trae en su libro una anécdota jugosa que no puedo dejar de reproducir. Disgustado con estos experimentos, Steve Larson, un músico profesor de la Universidad de Oregon, desafió a Cope a un enfrentamiento musical: tres pianistas profesionales debían ejecutar tres piezas, una de Bach; una del software de Cope imitando a Bach, y una compuesta por el mismo Larson también al estilo de Bach. Al final el público debía votar diciendo quién compuso qué pieza. !Oh, sorpresa! La mayoría pensó que la pieza del computador era la auténtica de Bach; que la pieza de Bach había sido compuesta por Larson; y que la pieza de Larson era la del computador.

Así pues, ¡quién podrá defendernos! Las máquinas han invadido hasta el sagrado terreno de las bellas artes. A la sombra de la IA, lo que nos espera es el ‘mundo feliz’ de las drogas y la realidad virtual.

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6 comentarios en “A la sombra de la Inteligencia Artificial

  1. De acuerdo, hay áreas como las que mencionas que seguirán en manos de los humanos. Pero no se necesitará mucha gente para que hagan este trabajo. Constituirán una elite, mientras la gran mayoría estará desempleada. No por nada se comienza a hablar ya de un salario básico universal, una cantidad con la que la gente que no encuentre empleo (que cada vez serán más) pueda vivir sin trabajar.
    Y en cuanto a la música: Cope (y muchos otros que experimentan con música y computador) ha experimentado también con obras originales. El programa ha compuesto a partir de cero nuevas composiciones. Lo que pasa es que esto le impresiona menos a la gente. Cuando se enteran de que lo hizo un computador, dicen, ah, es malo. El impacto está en la habilidad de producir algo de la categoría de Bach.
    Para mí, este escenario también es horroroso.

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  2. Charo Crego

    Tu conclusión no la comparto. La IA avanzará y dejaremos de hacer ciertos trabajos, pero surgirán otros nuevos, como, por ejemplo, seguir formulando algoritmos, investigar el mundo biológico, químico, orgánico e inorgánico, solucionar los problemas del cambio climático, de la escasez de agua, de la alimentación y de la salud humana y animal, y, claro, construir robots (asesinos o inocentes). Tu conclusión aunque es bastante nihilista, parte de un optimismo difícil de defender si miras a tu alrededor. !Todavía queda mucho por hacer!!

    Respecto a la música, me parece que imitar la forma de componer de Bach es totalmente realizable y no entraña ningún problema, el problema es llegar a Bach cuando no ha habido antes un Johan Sebastian Bach.

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